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La Civilidad como Pilar de la Justicia en la actualidad

En una época marcada por la polarización, la confrontación constante y la normalización de conductas “agresivas” en el debate público, la profesión jurídica enfrenta un desafío que va mucho más allá de la técnica legal: preservar la civilidad como elemento esencial para la administración de justicia y el fortalecimiento del Estado de Derecho.

Recientemente estuve reflexionando sobre el impacto de la incivilidad en el ejercicio de la abogacía. La conclusión principal fue contundente: la civilidad no es una cuestión de cortesía superficial ni un ideal aspiracional; constituye una competencia profesional indispensable para representar eficazmente a los clientes y preservar la legitimidad de las instituciones jurídicas.

El costo real de la incivilidad

Con frecuencia se asume erróneamente que la presión o las conductas amenazantes en los conflictos es una muestra de fortaleza profesional. Sin embargo, la evidencia demuestra lo contrario.

Diversos estudios recientes revelan que más de la mitad de los abogados han experimentado conductas inciviles o poco profesionales en los últimosaños. Estas conductas incluyen ataques personales, tácticas dilatorias, comunicaciones hostiles y falta de cooperación en un conflicto.

Lejos de beneficiar a los clientes, estas prácticas generan consecuencias negativas concretas:

  • Incrementan los costos legales.
  • Multiplican los litigios incidentales.
  • Retrasan la resolución de controversias.
  • Deterioran la credibilidad del abogado ante jueces y tribunales.
  • Reducen las posibilidades de alcanzar acuerdos eficientes en favor de los clientes.

La falsa dicotomía entre firmeza y respeto

Durante años, algunos profesionales han utilizado el denominado zealous advocacy  para justificar conductas agresivas o innecesariamente confrontativas. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre una defensa firme y una conducta incivil.

La defensa efectiva de los intereses de nuestros clientes exige determinación, preparación y argumentación sólida. La incivilidad, por el contrario, se manifiesta cuando la discusión abandona los hechos y el derecho para dirigirse hacia ataques personales, intimidación o tácticas obstructivas.

Un abogado puede ser extraordinariamente firme sin dejar de ser respetuoso. De hecho, la experiencia demuestra que los abogados más efectivos suelen ser aquellos que mantienen el control emocional, la objetividad y la credibilidad profesional incluso en los escenarios más adversos.

El impacto institucional de la profesión jurídica

Los abogados no solo representamos intereses privados. La profesión jurídica cumple simultáneamente tres funciones fundamentales:

  1. Representar y proteger los intereses de los clientes.
  2. Servir como oficiales del sistema legal.
  3. Actuar como ciudadanos públicos responsables del fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Cuando la incivilidad se convierte en una práctica normalizada, no solo se afecta una negociación o un litigio específico. También se erosiona la confianza en los tribunales, en las instituciones y en el propio Estado de Derecho.

Incluso, en tiempos de creciente polarización social –como es la actual–, esta responsabilidad adquiere una relevancia aún mayor.

Liderazgo, mentoría y cultura organizacional

Otro aspecto particularmente relevante es la relación entre civilidad y liderazgo.

Las estadísticas muestran que los abogados jóvenes, las mujeres y los profesionales pertenecientes a grupos históricamente subrepresentados suelen ser quienes más resienten ambientes laborales caracterizados por hostilidad, intimidación o conductas de bullying.

Por ello, los socios, directores jurídicos y líderes de equipos tenemos una responsabilidad que trasciende la supervisión técnica. Debemos convertirnos en modelos visibles de comportamiento profesional.

Siempre resulta fundamental enfocar la mentoría efectiva no solo en transmitir conocimientos jurídicos; sino también en transmitir valores, estándares éticos y formas adecuadas de ejercer el liderazgo, recordando que la cultura de una organización jurídica no se construye mediante políticas escritas, sino a través de las conductas que los líderes toleran, promueven o corrigen todos los días.

Reflexión final

La profesión jurídica atraviesa una etapa de transformación impulsada por nuevas tecnologías, modelos de negocio innovadores y desafíos regulatorios cada vez más complejos. Sin embargo, ninguna innovación puede sustituir los principios fundamentales que sostienen la confianza en nuestro sistema legal.

La civilidad no es una muestra de debilidad ni una concesión estratégica. Es una herramienta de liderazgo, una manifestación de profesionalismo y una condición indispensable para el correcto funcionamiento de la justicia.

No olvidenmos, la verdadera excelencia profesional no consiste únicamente en ganar argumentos, sino en hacerlo de una manera que fortalezca la confianza, preserve la dignidad de las personas y contribuya al fortalecimiento de las instituciones que juramos servir.

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