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¿Quién eres cuando no estás siendo abogado?

Abogado Digital

Entrevista con Amairani Fuentes, Directora de Legalmente Creativo para LegalX podcast, conducida por Janet Huerta, Directora de Abogado Digital.

Durante décadas, el ejercicio de la abogacía ha estado profundamente vinculado a la rigidez, la solemnidad, el dogmatismo y el apego irrestricto a formas preconcebidas. En el imaginario colectivo —e incluso dentro de las propias facultades de derecho— se ha implantado la creencia de que ser profesional de las leyes exige renunciar a la sensibilidad artística, al juego, a la espontaneidad y a la exploración de múltiples pasiones. Sin embargo, la disrupción en el ecosistema legal y la transformación digital han demostrado que una de las competencias más indispensables para el abogado contemporáneo es la curiosidad: esa apertura fundamental para cuestionar las formas tradicionales, explorar rutas alternativas y crear soluciones innovadoras ante problemas complejos.

En ese sentido, exploramos a fondo las reflexiones planteadas por Amairani Fuentes, fundadora y directora de Legalmente Creativo, en una reveadora conversación conducida por Janet Huerta. A lo largo de este diálogo, se desmontan los mitos que desligan a la creatividad del derecho y se aborda cómo los condicionamientos culturales y el miedo al ridículo limitan el potencial de los abogados. Asimismo, se analizan temas cruciales para la práctica profesional moderna: la gestión de la culpa por la «no productividad», la implementación de pausas creativas para regular el sistema nervioso, la desmitificación del síndrome del impostor, la superación del «qué dirán» al asumir identidades artísticas (como el teatro y el cine) y la urgencia de transicionar de un perfil profesional encasillado hacia la maestría en la integración del ser.

Redefiniendo la Creatividad

Muchas veces creemos que la creatividad está asociada con aspectos únicamente artísticos o que tiene que ver exclusivamente con colores o con formas. Hoy escuchamos mucho hablar de ser disruptivo, pero la creatividad va mucho más allá de la expresión artística que hagamos. La creatividad tiene que ver con el elemento y el superpoder con el que nacemos: ese acto de vida cuando nacemos es un acto creativo en sí mismo. El simple hecho de estar presente en esta vida es un acto creativo.

¿Y a qué se refiere el acto creativo? A la capacidad de poder expresarnos con nuestros dones, nuestros talentos y nuestro ser integral. Para mí esa es la creatividad más pura y parte directamente desde el ser. Empezamos desde aquí porque muchas veces creemos que la creatividad la tenemos que ir a aprender allá afuera. La creatividad no es un tema de profesión, es un tema de humanidad. Lo único que hacemos es recordar que tenemos esa capacidad creativa que ya habíamos olvidado por estar en un sistema que nos inculcó a trabajar de una sola forma. No podemos ser creativos en el área legal si en nuestra persona no nos estamos permitiendo explorar diferentes posibilidades de hacer lo que queramos.

La creatividad no es una habilidad técnica exclusiva de las artes ni un saber externo que deba aprenderse, sino una condición humana innata que nace del ser integral; para aplicar innovación en el área legal, el abogado debe primero permitirse explorar su capacidad creativa personal sin las restricciones de un sistema monótono.

Condicionamientos de Origen y la Culpa por la No Productividad

Crecimos con tantos condicionamientos que lo que nos queda para sobrevivir es ser buenos, tranquilos, dogmáticos y seguir la regla, porque salirnos de esa regla significa ponernos en peligro. Cuando nos vamos al origen de por qué no nos permitimos ser creativos, nos damos cuenta de que en el fondo nos estábamos cuidando. Pero cuando eres un adulto y vas creciendo en conciencia, entiendes que ya no te tienes que cuidar de nadie; te tienes que cultivar hacia adentro y procurar buscar círculos que también busquen desarrollar nuevas experiencias.

En el día a día podemos ser creativos, incluso en el silencio y en el “no hacer”. Vivimos en una cultura hiperenfocada en la productividad donde, al detenernos a descansar, aparece de inmediato la culpa: esa sensación de «no estoy haciendo nada, no estoy siendo productiva, no voy a llegar a ser nadie». Nos enseñaron que el tiempo es dinero y que dejar de trabajar una hora implica perder valor. Sin embargo, cuando me permito sentarme en tranquilidad y mi sistema nervioso se regula, es justamente en ese espacio donde encuentro las posibilidades creativas para desarrollar cosas nuevas. Piensen en cuando tienen un problema legal complejo y no lo pueden resolver; te paras por agua o te entras a la ducha y la idea llega. Cuando no obligamos a que la idea llegue, la idea fluye. No tienes que ser más creativo; solo tienes que ser creativo, lo que significa entrar en ti para descubrir qué creatividad puedes desarrollar en ti.

Descanso Estratégico y Desconexión

No hay una fórmula, pero algo que he aprendido es que a pesar de que hagas el trabajo en la culpa o en cualquier elemento que nos genere ruido, porque siempre se va a asomar esa emoción, lo importante es tener herramientas para ver esa emoción y no frustrarse. El acompañamiento físico, emocional y espiritual te regresan una perspectiva diferente de ver las cosas, te permiten reconocer que el miedo no es tuyo y que no solo tú lo sientes y desde ahí empiezas a reconciliarte.

Yo lo tengo muy presente en un viaje a Colombia que representó mi primer viaje como abogada digital e itinerante. Quería experimentar qué se sentía salir del país y trabajar de forma remota, pero una de las cosas que más me costó fue despegarme de la computadora porque en mi cabeza rondaba el miedo: «Si no estoy presente todo el tiempo encima de los clientes, se van a olvidar de mí y ya no me van a contratar».

En ese viaje coincidí con otro abogado que también era nómada digital y le pregunté cómo le hacía para viajar y mantener su negocio operando. Me dijo algo fundamental: «Aprende a descansar y a crear sistemas. Ten un horario fijo altamente productivo y piensa que el resto serán horas para despegarte totalmente de las redes y la computadora para conectar con la comunidad, la familia y la calle». Al principio me costó muchísimo, pero cuando fuimos a Santa Marta algo cambió en mí. Me di cuenta de que mi trabajo seguía funcionando, los clientes no se sentían abandonados y el negocio continuaba operando. Aprendí que, si descanso y me divierto, llego a las sesiones con mis clientes más alegre, fresca y con ideas más disruptivas para resolver sus casos. Para mí, mantenerse en movimiento fuera del escritorio es lo que realmente destraba las soluciones legales.

Desmantelando la Identidad Rígida: quién soy cuando no soy abogada

Hay una frase que resuena profundamente con la necesidad de soltar las etiquetas profesionales: «Suelto mi identidad. Hoy es un buen día para soltar la idea de lo que creo que soy y para dejar de defender lo que creo que los demás creen que soy. Describirte es limitarte. Esa idea que tienes de ti mismo es tan solo una percepción que te encarcela y que te limita. Al defender lo que crees que eres, renuncias a la capacidad de fluir con el cambio constante que sucede naturalmente». Esto conecta con la pregunta principal de ¿quién soy yo? ¿Quién creo que he sido? ¿Con qué personaje me he identificado toda la vida que no me permito poder experimentar otras posibilidades?

Legalmente Creativo nació porque fusioné mi parte artística, poética y de escritura con el Derecho. Sin embargo, en la carrera te condicionan diciéndote: «Si quieres ser creativo, vete a estudiar marketing o cualquier otra cosa, pero no Derecho». Por encajar en el modelo de adulto renuncié a la música y a la actuación, creyendo que madurar implicaba matar al niño interior. Cuando empecé a crear contenido me inspiré en nutriólogas y profesionales de la salud, no en abogados, porque no había nadie haciendo algo similar. Pero con el tiempo, el exceso de contenido legal me hizo comprarme el personaje estricto de «la abogada de propiedad intelectual». Olvidamos que el niño representa la felicidad pura y la ausencia de condicionamientos, y que es plenamente válido recurrir a esa voz infantil para tomar decisiones que nos devuelvan el gozo.

Aferrarse a la etiqueta rígida del «abogado tradicional» encarcela al profesional en una narrativa limitada; desidentificarse del personaje corporativo permite rescatar pasiones canceladas y aplicar enfoques frescos importados de otras disciplinas.

El Enfrentamiento al «Qué Dirán» y la Experiencia del Teatro

Para el aniversario de Legalmente Creativo busqué generar una dinámica de networking diferente basada en preguntas profundas que abrieran portales a nuevas realidades. En ese contexto reconecté con el teatro a través de quien hoy es mi pareja, quien me invitó a una clase de actuación. A pesar de que yo estaba acostumbrada a dar conferencias y talleres multitudinarios, cuando me pasaron al frente a interpretar un personaje que no conocía, las manos se me pusieron completamente heladas. Sentí una incomodidad enorme, pero al mismo tiempo una expansión al darme cuenta de que ya no era solo la abogada.

A partir de ahí ingresé de lleno a clases de teatro y cine. Al principio fue un reto gigante porque se detonó el síndrome del impostor y el constante temor al «qué dirán»: «¿Qué van a decir mis clientes diplomáticos si me ven actuando en una escena de comedia?». Preocuparme por la percepción ajena fue lo que más me costó romper. Hoy, tras un año actuando, comprendo que atreverse a interpretar a otros personajes no solo te libera del juicio exterior, sino que te brinda la capacidad mental de salirte de tu propia narrativa en la vida real.

Asimismo, aprendí que cambiar las preguntas que hacemos en nuestros entornos profesionales cambia la realidad misma. Si haces las mismas preguntas tradicionales en tus círculos de networking, obtendrás siempre los mismos escenarios; al introducir preguntas de introspección personal, rompes el molde del personaje y conectas con la autenticidad humana de tus colegas y colaboradores.

El teatro me ha ayudado a convertirme en una persona el triple de empática porque en la actuación experimentas emociones reales y vives catarsis profundas. Esa vivencia me hizo entender con mucho mayor significado el proceso creativo de los clientes que llegan al despacho. Cuando un artista llega a registrar su libro o su obra, ya no lo veo únicamente como un trámite técnico; entiendo desde adentro todo el proceso emocional y la vulnerabilidad que le tomó crear esa obra.

Por otro lado, me ha ayudado a pensar en cómo diversificar mi tiempo y a decidir qué quiero o no agregar a mi vida; elegir lo que resuena conmigo y de lo que en el presente es parte de mi camino. Ser más creativa en mi trabajo, incluso a abordar temas legales desde diferentes aristas y así he descubierto cómo se fusiona el área del conocimiento y la innovación.

Reivindicando el Derecho a Ser

Debemos dejar de pelearnos con nuestras múltiples pasiones. Entendí que somos seres multidisciplinarios, pero el condicionamiento social nos hace creer que estamos mal, cuando no es así. En la medida en que podamos darle tiempo y calidad a cada una de nuestras pasiones, sin caer en el cliché de hacer todo y nada, se pueden hacer muchas cosas bien hechas. Mi pareja me compartió una frase que me marcó: «Ya estoy harto de tener que elegir qué ser; hay que volvernos maestros de la integración». ¿Por qué pelearme con quién soy cuando puedo abrazar mis facetas e integrarlas?

Cuando sientas el llamado de experimentar una nueva actividad, hazlo; no para volverte el experto o el profesional perfecto en pintura, cine o música, sino por el puro placer de experimentarte a ti mismo a través de esa vivencia. Como adultos se nos olvidó jugar y divertirnos; creemos que todo debe tener un fin utilitario o de reconocimiento profesional. Mi recomendación para todos los abogados es que se permitan conectar con ustedes mismos. Escuchar tus propias voces es un reto grande, pero es el principio fundamental de todo: no puedes innovar ni transformar tu ejercicio si no te cuestionas a ti mismo. Pruébate en dinámicas diferentes, pon juegos en tus clases si eres docente, cambia los flujos si estás en una empresa y permítete ser, porque ser es un derecho.

El paradigma del profesional monotemático debe sustituirse por la maestría en la integración de pasiones; explorar nuevas disciplinas sin la exigencia de la perfección recupera el sentido del juego, la innovación real y el derecho fundamental a expresarse en plenitud.

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