Hoy el análisis de sentencias, la argumentación y el Derecho Probatorio tienen una gran repercusión en la manera en que se forma a las y los estudiantes de Derecho. El estudio de las resoluciones judiciales está presente prácticamente en todas las materias, y algunos recomendamos que se realice desde los primeros cursos.
Por su parte, en las diversas escuelas y facultades se ha incorporado la argumentación no sólo como materia, sino también entendida como una habilidad necesaria para toda persona que pretenda ser jurista. Abundan los buenos libros sobre tal tema, así como los posgrados y conferencias.
La prueba se convertido en el campo polémico por definición, acerca de lo que debe y como probarse, la posibilidad de la convicción, la subsistencia o no de las cargas probatorias, etc.
En medio de todo esto, estudiar Teoría General del Proceso ¿no suena un poco fuera de lugar? Digamos muy siglo XX; tal vez haya quien piense que, como otras materias tales como el Derecho Romano o la Teoría General del Estado, ha llegado el tiempo de jubilarlas.
Las razones anteriores con mucho más peso si consideramos que se han reducido los tiempos en que se enseña el Derecho; de los años pasamos a los semestres, y ahora a los cuatrimestres, o las clases concentradas en tres o cuatro sesiones de varias horas.
Mejor dedicar más tiempo al estudio de las resoluciones, donde se pueda ver la argumentación y la complejidad de lo probatorio, podría afirmarse.
Soy un convencido de que las sentencias deben estar presentes en nuestras clases. No solo las buenas, sino también las resoluciones malas, que de todas se aprende. Pero la materia básica del Derecho Procesal debe mantenerse por las siguientes razones:
- Es necesario dotar a las y los estudiantes de conceptos fundamentales que les permita entender cualquier tipo de juicio. Definiciones como acción, pretensión, plazo, término, no pueden ser analizadas de manera repetida en cada materia procesal.
- Además, es necesario que aprendan una cierta gramática, que les permita utilizar adecuadamente los conceptos, a fin de poder litigar o resolver adecuadamente los asuntos que les encomienden. Esto se enseña mostrando la interrelación de los conceptos.
Si sólo se tratara de enseñar conceptos, bastaría con recomendar la vista de algunos buenos TikToks; pero no basta con ver los árboles y estudiarlos, se requiere apreciar como juntos forman un bosque.
Desde luego, esto no se debe entender en el sentido de mantener la materia tal como se enseñaba hace veinte, diez o cinco años; es necesario pensar su diseño a partir de los retos que el procesalismo del siglo XXI presenta, lo que será tema de mi siguiente columna.








