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¿Modernidad en el legislativo?

La semana pasada la Suprema Corte de Justicia de la Nación, anunció que reanudará actividades y sesiones de forma virtual.  Es decir, el Poder Judicial utilizará la tecnología, ajustará los mecanismos de deliberación para cumplir con la función jurisdiccional. 

Es oportuno recordar que, desde el 18 de marzo, el Consejo de la Judicatura determinó, dada la emergencia sanitaria, suspender todas sus actividades.

Con la decisión tomada, ese Poder de la Unión entrará en el proceso de la irremediable modernidad en la cual, a pesar de las consideraciones de salud pública, se podrá interpretar y aplicar las leyes en los distintos casos que demandan una resolución. No es gratuito que una de las exigencias de la población es el derecho a recibir justicia pronta y expedita. Esperemos que se cumpla transparentemente con el objetivo.

Es necesario tomar en cuenta que el coronavirus y las medidas establecidas por el gobierno federal, imposibilitan -por el alto riesgo de contagio-, las reuniones de los Plenos de las Cámaras de manera óptima.  Con 500 diputados y 128 senadores, no es fácil respetar la sana distancia en sus respectivos recintos.

Dirían los puristas del derecho que las cosas no son tan sencillas, aunque estén sujetas a interpretación porque los ordenamientos son específicos, en este caso el Reglamento de sesiones que señala la obligatoria presencia de los legisladores. Esperemos que se apeguen al texto y cumplan la norma establecida.

A la luz de lo establecido, no son viables las reuniones virtuales. Cierto es que las normas se modifican según las circunstancias y para ello hay un procedimiento legislativo que debe acatarse para dar certeza.

Debo reconocer que la simple idea de hacer recuentos de votos virtuales y a distancia, me genera dudas y desconfianza porque si en las sesiones presenciales se hacen bolas con los tableros y la suma de votos manual o porcédila no me imagino la feria voluntaria de incertidumbre legislativa, o la unipersonal facultad para ello.

Llega a mi memoria la sesión -de esta legislatura- en la que el Senado de la República eligió a la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y cómo se perdieron 2 votos de 128.

Muchas justificaciones, explicaciones en todos los medios de comunicación disponibles pero lo cierto es que se tuvieron problemas con los votos depositados en una urna transparente y, de paso, destrozó la confianza, se hizo piedra. A muchos nos quedó la idea de que hicieron trampa, o sea fraude electoral. Claro, en esa ocasión los de la mayoría y sus aliados, decidieron mantenerse al margen de su recordado “voto por voto”.  Total eran 128 electores y como dice la canción “quiubo, quiubo… cuando”.

Pienso también en el posible uso faccioso de las plataformas tecnológicas para dialogar y debatir. Baste recordar cómo, en las reuniones de Comisiones o de Morena (grupo parlamentario) se le negó, (por la razón que se quiera), la palabra al diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien tiene debilidad por el parlamentarismo. En contraparte, se concede el uso de la voz a muchos legisladores que solo aportan la lectura de intervenciones preparadas, cuyo fin es criticar a neoliberales, conservadores y la herencia indeseable del pasado.

Y bueno, es conocido y reconocido por los actores políticos que la base de nuestra joven democracia es… ¡la desconfianza! pero si nuestra institución electoral es tan cara, es porque cuenta con todo tipo de controles y mecanismos que le permiten disminuir los riesgos y/o tentaciones de hacer trampa, hasta un órgano fiscalizador. Sólo haga un recuento de las mayorías de las jornadas electorales, en las que, en lugar de esperar a los resultados oficiales de las autoridades electorales, un número considerable de candidatos se dedican a descalificar, cuestionar y no reconocer los datos que no les son favorables.

Resolver de manera virtual los asuntos de ídole Legislativo cuintimás las deliberaciones constitucionales, aparta de los principios rectores de la materia parlamentaria, principalmente, de la certeza, la máxima publicidad y la transparencia, puesto que las medidas de resolución y votación no presenciales, no garantizan la verificación de quorum ni que la discusión y el debate sea de la altura que merecen la atencióm a los problemas del país.

Imagine usted si se acusa o se detecta fraude cibernético en las votaciones legislativas, la poca infraestructura en Telecomunicaciones y las fallas en las mismas ¿Se pueden garantizar controles suficientes para evitar las trampas y albazos?. Con avanzados y seguros sistemas electrónicos si se podría, pero en nombre de la mal llamada “austeridad republicana«, en donde la Mayoría no gastan ni en defensa propia, ¿se podría?.

 

 

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