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¿Es la Meritocracia realmente la solución en una sociedad democrática?

Cuando hablamos de meritocracia suele darse una connotación positiva, y es qué ¿” Cómo vamos a estar en contra de un sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales”[1]?

Resulta difícil no pensar en las palabras del sociólogo Michael Young en “The Rise of the Meritocracy” cuando estamos dando una connotación positiva de la palabra, sobre todo por la visión del Estado donde se valora a aptitud e inteligencia por encima de todo, situación que le daba preferencia a los miembros de la élite, olvidando al resto.

“El mérito es igual a la inteligencia más el esfuerzo, sus propietarios se identifican a una temprana edad y son seleccionados para una apropiada educación intensiva, y hay una obsesión con la cuantificación, la realización de tests y las notas”

El Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en su libro “El Precio de la Desigualdad, expone la mentira de la “meritocracia” y la teoría del “esfuerzo personal”, señalando que el 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras que el 90% de los que nacen ricos mueren ricos, independientemente de que hagan o no mérito para ello[2].

El lograr mayores niveles de igualdad de oportunidades sería un gran paso para la construcción de una sociedad donde podamos vivir plenamente, sin embargo, implica un gran esfuerzo por parte del Estado en diversas materias que difícilmente se alcancen en un corto periodo, no obstante, “es una condición necesaria pero no suficiente para la construcción de un orden justo”[3].

Una sociedad meritocrática es una sociedad que, no reduce los índices de desigualdad que tenemos, solo redistribuye las probabilidades de estar en el grupo más avanzado, para esto conviene muy bien leer las palabras de Joseph Stiglitz, cuando habla de la perpetuación de la desigualdad desde las guarderías hasta las universidades:

Es fácil entenderlo pensado en un sitio como Columbia, una de las universidades de élite de este país. Como la mayoría de las universidades de élite, en el proceso de admisión no nos fijamos en la situación financiera del candidato. Se admite a estudiantes independientemente de su situación económica, y tenemos un fondo de dotación lo suficientemente grande como para compensar la diferencia entre el coste, que es de 70.000 dólares, y lo que la familia puede pagar. Muy generoso, en teoría. Pero cuando uno analiza las universidades de élite, donde el dinero no debería suponer una barrera, resulta que el porcentaje de la mitad más pobre de la población es de un 8% o 9%. ¿Cómo es posible? Estas universidades son una ganga. Si perteneces a la mitad más pobre, pueden darte 70.000 dólares al año. ¿Por qué la gente no acude en masa? La respuesta es que no han ido a los institutos que les preparan para entrar en estas universidades, y no han ido porque antes no fueron a los colegios adecuados. Y no fueron a esos colegios porque antes no fueron a preescolar y tampoco a las guarderías necesarias. Todo esto está relacionado con la segregación geográfica, y lo irónico de la llamada meritocracia es que se basa en que la gente adquiera las competencias necesarias para tener éxito en esa meritocracia, y los padres ricos pueden dar grandes ventajas a sus hijos.[4]

Empero, el mayor problema que encuentro en la meritocracia es el desgaste que ocasiona a la democracia que por definición según Giovanni Sartori es el poder del pueblo que existirá mientras sus ideales y valores vivan[5]. De acuerdo a Antonio Delhumeau, profesor de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, “la democracia es la técnica de organización social que parte de la libertad, respeto y unidad de los individuos[6] para organizarse hacia el bien común.

Entonces, ¿Por qué podría la meritocracia ser un problema para la democracia?

Simplemente porque un gobierno no puede ser únicamente de lo más capacitados o los mejores, nos merecemos una representación de todos, tanto de quien busca mejorar las condiciones para las empresas, como quienes luchan por prestaciones más justas para los trabajadores, y ejemplos como este, existen cientos.

[1] https://dej.rae.es/lema/meritocracia

[2]http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/05/25/premio-nobel-de-economia-el-90-de-los-que-nacen-pobres-mueren-pobres-por-mas-esfuerzo-que-hagan-la-mentira-de-la-meritocracia-y-la-teoria-del-esfuerzo-personal/

[3] https://ciperchile.cl/2013/06/07/cinco-argumentos-contra-la-meritocracia/

[4] Íbidem 2.

[5] Giovanni Sartori. Teoría de la democracia: el debate contemporáneo. Patria, DF: 1987, p. 28

[6] Antonio Delhumeau. México: Realidad política de sus partidos. Instituto Mexicano de Estudios Políticos, DF: 1970, pp. 33-34

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