Entrevista con Natalia Moraga, Partnership Lead en Lemontech, por Janet Huerta Directora Ejecutiva de Foro Jurídico y Directora General de Abogado Digital
La transformación digital en el sector legal ha dejado de ser una tendencia de vanguardia para convertirse en una columna de la práctica jurídica moderna. En ese contexto, Natalia Moraga, Partnership Lead en Lemontech, quien ha sido partícipe de este cambio desde 2006, platicó con Janet Huerta, Directora Ejecutiva de Foro Jurídico, en torno a la evolución de los despachos en una travesía que comenzó con la simple digitalización y que hoy nos sitúa en la frontera de la inteligencia artificial generativa.
Moraga desglosa la evolución del mercado en tres etapas críticas: desde el control administrativo hasta llegar a la era actual de la IA como asistente estratégico del abogado. Además, profundiza en cómo la inteligencia artificial —ejemplificada en herramientas como LIA— no solo automatiza procesos, sino que entiende el contexto legal para organizar el conocimiento de una firma y asistir en la producción de contenido con bases jurídicas locales.
Finalmente, aborda los imperativos de la seguridad y la ética tecnológica. Moraga advierte sobre los riesgos de las IAs genéricas frente a las especializadas y establece una hoja de ruta sobre ciberseguridad, subrayando que la responsabilidad de proteger la información es una labor que el abogado nunca debe tercerizar. Se trata, en suma, de una guía para integrar la innovación de forma responsable, basada en la premisa de que el éxito tecnológico depende tanto de la información organizada como de la adopción de nuevos microhábitos diarios.
Las Tres Olas de la Evolución Tecnológica Legal
Lemontech, empresa chilena, nace en 2006, es prácticamente pionera en legaltech, desde hace 20 años nosotros hemos acompañado de cerca este proceso evolutivo tecnológico del área legal en Latinoamérica. En un inicio, los despachos estaban enfocados principalmente en ordenar y digitalizar la gestión del trabajo, e decir, organizar información y definir procesos. En lo que corresponde a un proceso evolutivo pasar de análogo a digital, identifico tres etapas:
1. La Era del Control y el Registro
En un inicio, la práctica tecnológica en los despachos estaba enfocada principalmente en ordenar y digitalizar la gestión del trabajo legal. El gran desafío era resolver problemas administrativos concretos: información dispersa en correos, carpetas y planillas. La consigna era: «organicemos información y definamos procesos». Surgieron entonces las herramientas para la gestión de casos, documentos y algo que sigue siendo parte de la conversación: el registro de horas y la facturación.
2. Eficiencia y Escalabilidad
En esta segunda etapa, los despachos empezaron a buscar eficiencia. El foco se trasladó a integrar herramientas de gestión de contratos, automatización de documentos y flujos de aprobación claros entre equipos legales y otras áreas. Aquí, la tecnología permitió automatizar procesos repetitivos y registrar esos procesos para transparentarlos ante el cliente final. El resultado no fue solo operatividad, sino un aumento real en la rentabilidad y la capacidad de escala de las firmas.
3. La Inteligencia Artificial y la Asistencia al Abogado
Hoy entramos en la tercera etapa, donde la inteligencia artificial (IA) —entendida como una serie de herramientas y agentes evolucionados— viene a automatizar aún más y agilizar estos procesos. Ya no solo gestionamos información; ahora tenemos sistemas que ayudan a analizar rápidamente, organizar conocimientos y asistir directamente al abogado en sus tareas diarias. Hemos pasado de digitalizar el trabajo a aumentar la capacidad del profesional mediante procesos automatizados con IA.
Algo que hemos aprendido en estos años trabajando con despachos y áreas legales en Latinoamérica es que la tecnología en el sector legal siempre se adopta cuando resuelve problemas concretos en el trabajo diario. hemos acompañado en eta etapas a los despachos desarrollando herramientas para resolver problemas administrativos. Posteriormente, creamos herramientas para automatizar procesos repetitivos y registrarlos los procesos, que ayudaron a las firmas a ser más transparentes y rentables. Actualmente, apoyados de la Inteligencia Artificial, ayudamos directamente al trabajo del abogado.
Lemon Tech IA
Hemos desarrollado LIA (Lemon IA), que no es un solo agente, sino un ecosistema transversal de soluciones diseñadas para entender el contexto del trabajo legal. Con ella se organiza el conocimiento jurídico, sugiere contenido y captura automáticamente actividades que realiza el abogado dentro del área. Finalmente, la IA son una serie de bots, de herramientas, de software, sea, de, básicamente de herramientas unidas que vienen a hacer este proceso de búsqueda mucho más ágil.
En la práctica diaria, esta tecnología se despliega en tres ejes fundamentales:
- Captura del Trabajo: La IA puede identificar automáticamente las actividades que el abogado realiza —revisión de documentos, envío de correos, gestiones en el escritorio— para medir qué se ejecuta en cada proyecto sin necesidad de registros manuales tediosos.
- Organización del Conocimiento legal: Ayuda a estructurar documentos y sugerir formatos entendiendo la jurisprudencia local y los antecedentes de los casos, permitiendo que el conocimiento no se quede solo en las personas, sino que sea un activo estructural del despacho.
- Asistencia en la Producción: Genera borradores y cláusulas de forma ágil. Sin embargo, soy enfática en que el contenido que e genera debe ser revisada por una persona especialista.
Ahora trabajamos en obtener el ROI (retorno sobre la inversión) con el trabajo automatizado, hoy día todavía es muy reciente el poder medir cómo esto apoya y aporta dentro del estudio.
¿IA Primero o Gestión Primero?
La IA funciona de manera óptima cuando existe información previamente organizada y estructurada por un sistema de gestión.
Muchos despachos hoy quieren «entrarle por la IA» saltándose los pasos previos. Si bien no es restrictivo y es posible hacerlo, cabe preguntarse si es lo idóneo. La inteligencia artificial funciona mucho mejor cuando existe información organizada.
Si el área legal no tiene procesos claros ni información estructurada, la IA no tendrá una base sólida para analizar. Mientras información más completa tú le entregues a la inteligencia artificial, mejor va a ser el contenido que te sugiera. Por ello, más que sustituirse, el software de gestión y la IA son tecnologías complementarias que se potencian entre sí. La gestión organiza el trabajo; la IA lo vuelve eficiente.
El Riesgo de las IAs Genéricas en la Práctica Jurídica
Es tentador usar herramientas gratuitas y masivas como ChatGPT o Gemini para el trabajo diario, y son útiles para tareas cotidianas. No obstante, cuando hablamos de trabajo jurídico profesional, surgen necesidades específicas como contexto legal, confiabilidad de las fuentes y seguridad de la información.
Las soluciones diseñadas específicamente para el ámbito legal trabajan con bases jurídicas actualizadas y jurisprudencia local. Muchas, además, se alimentan de la información del propio despacho para poder de alguna manera ser más ad hoc a sus gestiones.
Una IA jurídica está diseñada para integrarse el flujo del trabajo del abogado, salvaguardando la seguridad de la información, la confiabilidad y la confidencialidad; está pensada para operar en entornos seguros, donde la información se traza específicamente para los contextos de la organización. En el uso profesional, no podemos solo «preocuparnos», debemos «ocuparnos» de saber hasta dónde entregamos datos y cuánto confiamos en lo que recibimos.
Una IA jurídica está diseñada para operar con jurisprudencia local, contextos legales específicos y entornos seguros que garantizan la confidencialidad de la información y la confiabilidad de las fuentes.
Ciberseguridad: La Responsabilidad no se terceriza
Un punto relevante es que, al contratar un software, la responsabilidad de la seguridad de la información no se terceriza. Tercerizamos la operación, pero nosotros debemos gobernar qué gestionamos, qué exigimos y qué protocolos aplicamos.
Al evaluar a un proveedor, recomiendo revisar tres aspectos mínimos:
- Infraestructura y Estándares de seguridad: Dónde están alojados estos servicios y los datos. Qué certificaciones tienen y qué protocolos utilizan. Como base mínima, un proveedor debe cumplir con la ISO 27001
- Políticas de Manejo de Información: Qué hace la empresa con los datos, especialmente en procesos de modelamiento de IA
- Gobernanza y Trazabilidad: Quién accede a qué, y cómo puedo gestionar perfiles y roles para prevenir filtraciones.
Esta evaluación no es de una sola vez, tampoco específica para el ámbito legal; debe ser un proceso constante de retrospectiva para asegurar que el proveedor sigue a la vanguardia de los criterios del mercado.
El Poder de los Microhábitos
La adopción exitosa de nuevas tecnologías en los despachos no depende solo de la herramienta, sino de la capacidad de los abogados para integrar pequeños cambios repetitivos en su rutina diaria hasta convertirlos en hábitos naturales.
El sector legal está viviendo uno de los momentos más interesantes de su historia, la tecnología está abriendo posibilidades para que los abogados trabajen de forma eficiente y estratégica. El desafío de adoptar estas herramientas no es la tecnología en sí, sino integrarla al día a día de forma responsable y segura. Para mí, la clave reside en los microhábitos. Un hábito se construye mediante la ejecución repetitiva; cuando somos responsables en cómo adquirimos una nueva herramienta, su gestión se torna natural. Pequeños pasos hoy permitirán que la evolución de su despacho ocurra de manera fluida y exitosa.







