Festejos por mundial en México

La divergencia entre el Patriotismo Constitucional y el Patriotismo Deportivo

El futbol en México no sólo es un deporte que une a las personas, sino que además, es un reflejo cultural y una experiencia identitaria de la sociedad mexicana. Para muchos, ponerse la camiseta es una forma de representación, patriotismo e identidad nacional, pues ver a la Selección Mexicana jugar en el Mundial fue un momento donde casi todo el país se unió bajo el mismo símbolo, convirtiéndose en un asunto de orgullo nacional.

La catarsis colectiva que el futbol ha provocado en la sociedad mexicana funciona como una vía masiva de liberar emociones, como el estrés acumulado en la vida de la ciudadanía de a pie, ya sea gritando, festejando o llorando. Lo cierto es que, la Copa Mundial de futbol ha sido fruto de diversos rituales sociales, como reuniones familiares, con amigos o con extraños en lugares públicos, esto ha generado un sentido de pertenencia, ya sea por diversas emociones positivas o negativas, pero esencialmente el de formar parte de una comunidad unida bajo una misma bandera.

Por otro lado, es válido cuestionarse, si el “efecto dopamina”, que genera una euforia colectiva, podría replicarse ante otro tipo de fenómenos sociales. Es aquí donde, particularmente, se refleja esta divergencia entre el patriotismo constitucional y el patriotismo deportivo. Pues, existe una clara contradicción entre desplomar tanta energía en el futbol en lugar de volcarla hacia el cambio social, pues ambos persiguen valores totalmente opuestos. El patriotismo constitucional se fundamenta en valores cívicos y normas jurídicas democráticas, mientras que el segundo está guiado por la identidad cultural, la historia y la pertenencia tribal. 

Este debate central se aborda desde diversas perspectivas como la neurociencia, la sociología, la filosofía política y el derecho constitucional, por mencionar algunas.

De acuerdo con la neurociencia, los neurotransmisores alteran el estado del ánimo; un ejemplo de ello es cómo el futbol activa una serie de mensajeros químicos impulsados por la necesidad de pertenencia grupal y la sincronización emocional. Por otro lado, bajo las ciencias sociales, el fenómeno conocido como “efervescencia colectiva” como el mecanismo socioemocional que une a los grupos al experimentar cierta emoción, se puede manifestar en diversos escenarios, como en conciertos, en festivales masivos, en celebraciones religiosas, en rituales, pero con poca intensidad en eventos con efectos a largo plazo como son las movilizaciones políticas o causas sociales.

Bajo esta postura, existe un debate central — tanto desde la sociología como del derecho — sobre la disparidad que separa al patriotismo festivo del patriotismo cívico. Las razones detrás de estas dinámicas sociales son innumerables, desde la subjetividad, el futbol puede ser considerado un refugio, un pilar de identidad, una costumbre, una tradición compartida, un estado de pertenecía, entre otros aspectos. Empero, lo que resulta evidente es el efecto de la dopamina provocada por las victorias o derrotas en el Mundial, las cuales desatan euforias difíciles de replicar.

Es innegable que con el futbol, el resultado llega en 90 minutos y las reglas son claras y conocidas por la mayoría, pues parecería que la ciudadanía mexicana confía más en el reglamento de la FIFA que en la Constitución. Esto representa una real contradicción cultural al exigir “justicia en la cancha” con gran fervor, pero mostrar apatía ante la violación constante de derechos humanos. La realidad social es que en este deporte los resultados son inmediatos y tangibles, en comparación con los cambios sociales y políticos en los que el proceso es lento, frustrante y a largo plazo.

Para la ciudadanía de a pie, es decir la inmensa mayoría de la población mexicana que vive al día a día, que no forma parte de élites políticas, empresariales, intelectuales, que dependen directamente de su trabajo diario o salario y que resienten directamente problemas comunes como la salud pública, la economía e inflación, la inseguridad, la corrupción e impunidad, la desigualdad socioeconómica, sólo por mencionar algunos; exigir al gobierno o involucrarse en la política es tema secundario, pues es calificado de peligroso, desgastante o inútil; sin embargo, el futbol es un espacio de permisibilidad colectiva, donde es válido gritar, llorar, o abrazar a desconocidos sin consecuencias.

A lo largo de la historia, se ha visto como el poder político y el aparato mediático han transformado el deporte en un mecanismo de distracción social, donde la disuasión cívica desactiva el interés de la ciudadanía en los problemas reales del país. Así, este instrumento institucionalizado culturalmente resulta contradictorio en un contexto nacional que rara vez se moviliza ante problemas estructurales más profundos. Al final del día, parece más fácil unirse para celebrar un gol que organizarse para exigir una verdadera justicia social.  Es muy claro el contraste entre la pasión por los eventos deportivos como la participación de la Selección mexicana en el Mundial y la resignación ante la injusticia social. Mientras que las instituciones gubernamentales requieren de una ciudadanía vigilante, el Mundial opera como una franquicia global que promueve una ciudadanía espectadora, al tiempo que se distingue por ser un imán de consumo masivo y un negocio altamente lucrativo.

Desde la teoría crítica, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas conocido por sus trabajos en filosofía política y teoría del derecho difundió el concepto ideológico de “Patriotismo constitucional”, donde determina que el orgullo nacional nace de defender los valores democráticos y los derechos fundamentales. Expone Habermas que … el «patriotismo constitucional» implica que los ciudadanos hagan suyos los principios de la constitución no sólo en su contenido abstracto, sino de manera concreta en el contexto histórico de sus respectivas historias nacionales. (Habermas, 2006, p. 112). Al trasladar esta concepción al contexto futbolístico, el concepto de ciudadanía ha dado un giro, toda vez que, se ha vaciado de contenido político para llenarse de contenido comercial y deportivo. Pues, un gobierno democrático requiere de una ciudadanía unida bajo una identidad civil y no sólo por un torneo de naturaleza efímera.

Por otra parte, es imprescindible recordar las responsabilidades jurídicas que han provocado los festejos por la pasión del futbol, dando origen a ciertas tragedias civiles ante las batallas efímeras ganadas. Cabe recordar las recientes pérdidas de vidas humanas en los eventos masivos, particularmente tras la victoria ante la Selección de Ecuador, donde la aglomeración de más de un millón de personas derivó en el fallecimiento de cuatro personas por asfixia y aplastamiento. Esto es un claro ejemplo de que la anestesia emocional masiva condujo a problemas de orden público, activó la responsabilidad civil por daños a terceros e incurrió en la violación de derechos fundamentales.

Vidas por un gol: la irresponsabilidad civil y el vacío del Estado de derecho en la euforia del fútbol.

Esta reciente tragedia en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, se convierte en un espejo de realidad inmediata, donde pasa de un simple accidente para convertirse en una prueba empírica de cómo el futbol se convierte en un dispositivo biopolítico regulador de los cuerpos. Frente a estos acontecimientos, resulta imperativo señalar que el deber de cuidado, de mantener el orden, la paz y la seguridad es una obligación constitucionalmente establecida. En consecuencia, el análisis de la gestión de masas es un espacio urbano que debe partir de la efectividad con las que las instituciones ejecutan dicho mandato, especialmente en eventos de euforia ciudadana que ya se veían venir.

Finalmente, el anonimato de la masa permite a la ciudadanía sentirse amparada y asumir que ante los festejos se pueden romper reglas, dañar la propiedad ajena o generar estampidas. Esto evidencia la consolidación de una cultura de la impunidad, donde la propia ciudadanía padece o se queja de las injusticias, pero en ocasiones reproduce por sí misma la trasgresión de las normas jurídicas bajo el entusiasmo deportivo.

A la luz del concepto de Habermas, contextualizar el patriotismo constitucional en la nación mexicana debe significar el orgullo de haber logrado superar ciertas injusticias, “… establecer un Estado de Derecho y anclar éste en una cultura política que, pese a todo es más o menos liberal.”(Habermas, 2007, pp. 115-116)

“Patriotismo de la Constitución …es… la disponibilidad a identificarse con el orden político y los principios constitucionales. Esta sobria identidad política se disocia a sí misma de ese trasfondo de un pasado centrado en términos de historia nacional.” (Habermas, 2007, p. 94).

Abordar el patriotismo no implica que la única forma posible es la de “Patriotismo Constitucional”, y por ende supondría un deslinde de otras identidades que caracterizan a una nación. En tal sentido, es viable repensar una convergencia entre el patriotismo deportivo — que defiende las identidades culturales como es el futbol, inmersa en la historia de México — en unión con el sentido de valor cívico que aspire a la justicia social en todos los ámbitos. Por ende, no se proclama una erradicación de las pasiones deportivas, sino el reclamo y exigencia de que estas operen bajo el respeto a los derechos fundamentales y en un marco de responsabilidad institucional.

En conclusión, es indiscutible la fisura que separa el patriotismo constitucional y el deportivo, si bien en ambas coexiste una civilización distintiva de una nación pero desbordada por una pasión deportiva. El patriotismo constitucional define el deber ser de una ciudadanía democrática, fundamentada en el respeto a la legalidad y los derechos fundamentales. En cambio del patriotismo deportivo suprime temporalmente los deberes cívicos. Dar respuesta a este cuestionamiento divergente no implica sellar las diversas posturas patrióticas o limitar las pasiones lúdicas, al contrario, el objetivo es encauzarlas bajo la legalidad y reconocer la necesidad de un punto de conexión y reflexión ante las posturas que se toman bajo la influencia de emociones y diversificar esa pasión en reformar una identidad nacional acorde con un real Estado de derecho y participación ciudadana responsable. 


Referencias

Habermas, Jürgen (2007). Identidades nacionales y postnacionales (3ª ed., trad. Manuel Jiménez Redondo). Tecnos. (Trabajo original publicado 1989) https://ia600800.us.archive.org/5/items/adorno-personalidad-autoritaria_202306/Habermas%20-%20Identidades-Nacionales-y-Postnacionales.pdf

Habermas, Jürgen (2006). Entre naturalismo y religión (Trad. Pere Fabra et. al.). Paidós. (Trabajo original publicado 2005) https://archive.org/details/habermas-j.-entre-naturalismo-y-religion-ocr-2006

De Mariscal y Serrano, J. Gabriel (2010). Habermas. El patriotismo constitucional. Jado: Boletín de la Academia Vasca de Derecho. (20), 87-113. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3971163

Álvarez Gutiérrez, Óscar Ernesto, (1 de julio de 2026 – 12:16 hs). Suben a 4 los muertos tras festejos de la Selección en CDMX. Informador.mx. https://www.informador.mx/mexico/sube-a-4-la-cifra-de-muertos-tras-los-festejos-de-la-seleccion-mexicana-en-cdmx-20260701-0148.html

Peces-Barba, Gregorio (2003). El patriotismo constitucional. Anuario de Filosofía del Derecho, (20), 39-62. https://dialnet.unirioja.es/revista/113/A/2003 Rosales, J. M. (1999). Patriotismo constitucional: sobre el significado de la lealtad política republicana. Isegoría, (20), 139–149. https://doi.org/10.3989/isegoria.1999.i20.96

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