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Es Necesario Disponer de Abogados Especializados en Temas Propios de la Cuarta Revolución Industrial

Entrevista con la Dra. Tábata Andrea Romero Cerdán

Especialista en Derecho de las tecnologías de la información para la rendición de cuentas y el combate a la corrupción.

La innovación es un factor que diferencia a los líderes de los seguidores.

Steve Jobs

 

 Tábata Andrea Romero Cerdán es Licenciada, Maestra y Doctora en Derecho por la Benemérita Universidad Autónoma de México y cuenta con un Posdoctorado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su línea de investigación es el Derecho de las tecnologías de la información para la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. Ha colaborado con legisladores federales y estatales en la elaboración e implementación de políticas públicas en el ámbito digital; se ha desempeñado como árbitro de la Revista del Posgrado en Derecho de la UNAM.

 

 Desde tu óptica, ¿cómo ha modificado la tecnología a la práctica de los abogados?

Esta pregunta trae a mi mente recuerdos de mi primera clase de derecho informático en la Facultad de Derecho de la BUAP, la mejor de mi paso por la Universidad. En aquel entonces, 2013, me encontraba en estudios doctorales. El titular de la materia preguntó a sus alumnos quiénes de ellos estaban enfocados al campo del derecho de las tecnologías de la información, solo se levantó una mano, una de veintidós posibles: la mía.

El primer acercamiento que tuve al estudio del derecho de las TIC, fue durante el desarrollo de la investigación que me permitió obtener el grado de maestra en Derecho. Entonces planteaba, desde la perspectiva del Derecho, al teletrabajo (trabajo a distancia mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación) como política pública de equidad de género.

Sólo como anécdota, quisiera mencionar que presenté ante la diputada presidenta de la comisión de equidad de género de la legislatura local el proyecto por el que se incorporaba al marco jurídico la figura del teletrabajo en el sector público en beneficio de las madres de familia. Desde mi punto de vista era un gran proyecto. A través de esta figura se les permitiría a las madres trabajadoras conciliar el desarrollo profesional con el vínculo familiar. Representaba un primer paso, de los muchos que habría que dar, para que las mujeres dejaran de enfrentarse a la disyuntiva: ¿mi trabajo o mi familia?

“En la era de la sociedad de la información es imperioso que desde una perspectiva multidisciplinaria, los profesionistas se sensibilicen ante los inminentes cambios conceptuales que sugieren las TIC.”

Sin embargo, la propuesta le resultó insulsa a la comisionada de equidad de género y la tildó de idealista. Con habilidad retórica, sentenció: “¡Me encanta tu proyecto! Pero en México aún no estamos preparados para trabajar desde casa. En nuestro país sólo somos productivos si estamos en una oficina, sujetos a un horario determinado. Además, no será bien visto por los trabajadores varones, que sus compañeras trabajen desde casa con un horario flexible, sólo por el hecho de ser madres. No sería justo”.

Aquellas experiencias, me llevaron a las siguientes conclusiones: por una parte, en la era de la sociedad de la información es imperioso que desde una perspectiva multidisciplinaria, los profesionistas se sensibilicen ante los inminentes cambios conceptuales que sugieren las TIC. De otro modo, la apatía, el desinterés o la falta de preparación para desenvolvernos en el seno de un siglo en el que domina el uso de las tecnologías podrían diluir los beneficios que ellas mismas ofrecen.

Por la otra, basta decir que desde los inicios de este siglo XXI hemos sido espectadores de escenarios utópicos en los que convergen tecnologías digitales, físicas y biológicas. Conscientes de que el Derecho se adecua a la realidad social, resulta indiscutible la necesidad de disponer de abogados especializados en temas propios de la cuarta revolución industrial.

En este sentido, con satisfacción y optimismo encuentro que cada vez una cantidad mayor de manos se levantan, cuando en las aulas se pregunta: ¿quién quiere ser abogado digital?

 “Lo que caracteriza al abogado digital es que penetra el umbral que mantiene al abogado tradicional, emocionalmente apartado de su cliente. Crea conexión y apego a fin de comprender mejor los conflictos y facilitar soluciones con perspectiva.”

La revolución tecnológica ha supuesto un cambio radical en la vida de las personas. En este 2019 hemos sido testigos del desarrollo de tecnologías disruptivas que van desde chips que pueden combatir la parálisis de cualquier parte del cuerpo, pasando por coches autónomos, hasta tecnologías cognitivas que permiten automatizar el aprendizaje para hacer funcionar la inteligencia artificial. En la era digital se demandan abogados especializados en competencias enfocadas en atender los nuevos paradigmas sociales, económicos, políticos y culturales.

 

¿Cuáles son tus consideraciones en torno a la práctica profesional de los abogados en el futuro cercano? ¿En qué crees que va a cambiar?

 En la actualidad, la facilidad de crear puentes de comunicación, el intercambio constante de datos y la posibilidad de acceder permanentemente a la información, hace de la tecnología el mejor aliado del abogado. Por una parte, ésta ha facilitado el trabajo, al poder, por ejemplo, consultar expedientes de manera remota o estar en permanente comunicación con nuestro cliente a través de plataformas digitales; por la otra, el negocio jurídico exige especialización. En un futuro muy cercano, la reputación del abogado ya no se sustentará en su manera de vestir o en el tamaño de su despacho, sino en su talento en el campo digital y en su habilidad de solucionar conflictos con base en tecnologías. De ahí el surgimiento de las llamadas Legaltech.

Con el transcurso del tiempo más despachos irán elaborando estrategias digitales que les permitirán una mayor y mejor cercanía a sus clientes. Mediante innovaciones tecnológicas disruptivas como la inteligencia artificial y blockchain, los bufetes jurídicos optimizarán recursos que les permitirán enfocarse en prioridades para ser más eficientes, productivos y competitivos.

 

¿Qué significa el concepto de Abogado Digital?

 

El abogado digital es un artista del derecho hiperespecilizado en la industria de las tecnologías de la información. Se caracteriza por su capacidad de reinventarse y adecuarse a los cambios, encontrándose dispuesto para desarrollar habilidades multidisciplinarias que le permitan solucionar problemáticas jurídicas con herramientas digitales.

Lo que caracteriza al abogado digital es que penetra el umbral que mantiene al abogado tradicional, emocionalmente apartado de su cliente. Crea conexión y apego a fin de comprender mejor los conflictos y facilitar soluciones con perspectiva.

 

¿Qué tienen que hacer los abogados actuales para convertirse en abogados digitales?

 

El profesional en Derecho que desee formarse como abogado digital, deberá desempeñarse no sólo como un perito en materia jurídica en el campo de la tecnología, sino con valores y habilidades afectivo-emocionales, como la confianza y la empatía, que le permitan innovar ante los diversos escenarios que crean las problemáticas sociales del siglo XXI, generando con ello, valor agregado y ventaja competitiva.

“El profesional en Derecho que desee formarse como abogado digital, deberá desempeñarse con valores y habilidades afectivo-emocionales que le permitan innovar ante los diversos escenarios que crean las problemáticas sociales del siglo XXI, generando con ello, valor agregado y ventaja competitiva.”

En la actualidad, podemos encontrar máquinas dotadas de neuronas que pueden llegar a ser hasta diez mil veces más rápidas que las neuronas de un ser humano. Es evidente, que si los abogados, y en realidad, cualquier profesionista, se limitan a prestar servicios basados en pericias técnicas, estarán destinados a ser sustituidos. Con el machine learning, big data, blockchain, smart contracts y la inteligencia artificial, eventualmente cualquier servicio será automatizado. Es por ello, que lo que garantizará desde mi punto de vista nuestra supervivencia, es el valor añadido que podamos aportar.

Esto es, el abogado digital deberá responder a las expectativas de los clientes no sólo a través de un producto jurídico con excelencia técnica, sino con habilidades y competencias sociales que le permitan mediante trabajo colaborativo, crear soluciones eficientes y creativas con valor y visión global.

 

 

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