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Poder judicial en línea: el futuro de la litigación

Los sistemas judiciales deben estar impulsados por las necesidades de la sociedad. Hay que tener en cuenta que la gente realmente no quiere tribunales, jueces y abogados, sino que sus disputas se resuelvan de manera justa, y eso es lo que consigue el poder judicial en línea.

Si los tribunales en línea son tan fáciles de usar como Amazon y los litigios se convierten en asequibles para la mayoría, entonces la balanza se inclinará hacia el modelo en línea, y el sistema tradicional quedará relegado.

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¿Por qué es preciso un cambio de enfoque que derive en la consolidación del poder judicial en línea?

El principal impulsor del cambio hacia los sistemas judiciales en línea es el funcionamiento del sistema actual. Según datos de la OCDE, solo el 46% de la población mundial vive bajo la protección de la ley, e incluso en los países altamente desarrollados el acceso a la justicia está disminuyendo.

El sistema actual es costoso, lento y, de alguna manera, ininteligible. El sistema judicial convencional es cada vez más inasequible, también para las empresas, lo que crea enormes problemas de desigualdad, ya que las partes que pueden contratar asesores legales tienen claras ventajas.

La principal motivación de las tecnologías legales debería ser, por lo tanto, mejorar la accesibilidad a los servicios para facilitar que todos comprendan y hagan cumplir sus derechos legales. Se trata, también, de una cuestión moral.

Hacen falta sistemas judiciales eficaces que sean realmente accesibles para todos y esto sería posible con el poder judicial en línea. Gracias a un sistema digital, podrían resolverse disputas más rápido, con un estándar de calidad más alto y a un coste más reducido para los contribuyentes.

 

¿Cómo funcionarían los juicios virtuales?

Además de basarse en un modelo en línea, todo apunta a que se trataría de un sistema asincrónico basado en plataformas judiciales online, que sustituirían a las salas de audiencias físicas sincrónicas.

A partir de ahí, los procedimientos podrían llevarse a cabo mediante el uso de vídeo, por lo que las audiencias podrían ser virtuales. Todo esto requeriría de la utilización de tecnologías que ya existen, como aplicaciones, videollamadas, chat en vivo y otros sistemas intuitivos.

En cualquier caso, lo recomendable, en una primera etapa, sería que el foco principal del poder judicial online se pusiera en las disputas civiles de bajo valor, que permitiesen comenzar con los problemas sencillos para, más adelante, continuar con tareas desafiantes.

Este planteamiento podría mejorarse si, por ejemplo, las herramientas digitales basadas en los principios del legal design thinking sirvieran para guiar a los usuarios para completar sus propios formularios judiciales, formular argumentos, reunir pruebas o incluso ofrecer asesoramiento sobre acuerdos no judiciales. En definitiva, todo lo que podría hacer que el sistema judicial y el usuario fuesen más eficientes y más independiente, mientras que todas las decisiones autorizadas siguieran siendo tomadas por seres humanos.

Así, a pesar del uso cada vez mayor de algoritmos y técnicas de aprendizaje automático (por ejemplo, para predecir riesgos o resultados basados en el análisis de datos masivos), un juez aún tomaría todas las decisiones para garantizar el respeto a los derechos fundamentales de la persona.

La verdadera revolución está en la simplificación del proceso. Bajo el nuevo sistema, cada caso sería:

  1. Abierto
  2. Iniciado
  3. Gestionado
  4. Decidido, todo en línea.

Todos los documentos se archivarían electrónicamente y la información solo tendría que introducirse una vez, para después reutilizarse y transmitirse en formato digital. Las audiencias en los tribunales se llevarían a cabo solo cuando se considerase necesario y proporcionado. De lo contrario, deberían llevarse a cabo en línea, por medio de videoconferencias.

Prepararse para el futuro de la litigación: la transformación necesaria

Una vez que estos sistemas estén implementados para disputas de menor volumen y se constate su eficacia, empezarán a utilizarse incluso para litigios de mayor escala. No se trata solo de acceso a la justicia. Más bien, se trata del futuro de la resolución de disputas y todos los litigios.

En pocos años, es probable que una gran cantidad de casos no se resuelvan a la manera tradicional, físicamente en los tribunales, sino mediante argumentos y pruebas presentados electrónicamente en línea. Esto sucederá una vez que la tecnología esté probada y establecida, cuando las personas ganen confianza en sus capacidades.

En cualquier caso, no habría que comparar estos cambios con un sistema perfecto e idealizado. En cambio, el enfoque a adoptar es usar la innovación y la tecnología disponible para tratar de mejorar el sistema que existe en todo el mundo. El objetivo tendría que ser buscar la mejora de procesos a través de la tecnología.

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Existe una elección muy básica a la que se enfrentan todos los abogados y algunos jueces: competir con estos sistemas emergentes o ayudar a construirlos. Al competir, uno se limita a identificar lo que las máquinas no pueden hacer y, de alguna forma, se acepta el sistema actual. Es un planteamiento válido, pero conformista para una sociedad y una economía que experimentan un crecimiento exponencial en todos los aspectos de la tecnología, donde todos los sectores y mercados están siendo alterados radicalmente y tenemos la mayor cantidad de información que nunca hemos podido soñar a nuestra disposición.

Al involucrarse en la construcción de los sistemas emergentes, se colabora en el desarrollo de plataformas que reemplacen y mejoren las formas anteriores de trabajar, convirtiéndose en pioneros en el cambio para hacer más accesible la justicia.

 

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