
Alondra Xail Álvarez Valencia, Renata Valeria González Olivares, junto a su coach Marco Antonio Vázquez Velasco, pusieron en alto el nombre de la UNAM y de México al haber obtenido el 3° lugar en el Moot Court Latinoamericano sobre Derecho de la Propiedad Intelectual 2025, competencia académica organizada conjuntamente por la Asociación Interamericana de la Propiedad Intelectual (ASIPI), el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina (TJCA) y la International Trademark Association (INTA),
Esta iniciativa tiene como objetivo fomentar el estudio especializado de la propiedad intelectual entre estudiantes de Derecho y recién egresados de universidades de América Latina, mediante la simulación de un procedimiento judicial en el que los participantes deben demostrar sus conocimientos jurídicos, habilidades de argumentación y destrezas de litigación.
La competencia contempló fases escritas y orales, en las que los concursantes pusieron a prueba su capacidad para construir estrategias jurídicas, defender sus posturas y responder a los cuestionamientos de los evaluadores. La edición 2025 reunió a estudiantes de diversas universidades latinoamericanas, consolidándose como un espacio de formación, intercambio académico y acercamiento a especialistas en la materia.
Foro Jurídico realizó una entrevista a los miembros del equipo mexicano para conocer su experiencia, enseñanzas y obstáculos.
Foro Jurídico (FJ) ¿Cómo influyó esta competencia en tu vida?
RG: Descubrí mi verdadera vocación, y la pasión tan profunda que tengo por la rama de la propiedad intelectual. Influyó en mi manera de trabajar, mi forma de afrontar las adversidades y obstáculos que pueden presentarse a lo largo del camino ya sean académicas, profesionales o personales.
AA: Me permitió confirmar que la Propiedad Intelectual es la rama del Derecho a la que quiero dedicarme y me ayudó a reconocer cómo encaja con mis intereses y habilidades. Pero también cambió mi manera de entender mi propia formación: comprendí que conocer el Derecho es indispensable, pero que convertir ese conocimiento en experiencia requiere la disposición de enfrentarte a situaciones que todavía no sabes resolver y la habilidad de hacerlas a pesar de la zozobra. Finalmente me ayudó a reconocer mis capacidades, identificar aquello que necesitaba desarrollar y tener mayor claridad sobre el tipo de profesional que quiero llegar a ser.
MV: Me permitió desarrollarme en un área del derecho que siempre me llamó la atención, así como aplicar teorías de derecho internacional público y privado a la solución de problemas jurídicos transnacionales en el contexto de la propiedad intelectual.
FJ ¿Qué te llevas de la competencia?
RG: Definitivamente fue una de las experiencias más enriquecedoras a nivel académico, profesional y personal. Por supuesto me llevo a las personas tan valiosas que conocí en el camino, asimismo las múltiples habilidades que desarrollé o tuve que perfeccionar a lo largo de la competencia, como fue la investigación, especial atención a los detalles, escucha activa, la permanente curiosidad y cuestionamiento, agilidad mental y argumentativa, resiliencia, trabajo en equipo. Pero, sobre todo, me llevé autoconocimiento y confianza en mí misma, una competencia del estilo suele llevarte a límites que ni tú mismo conocías de ti, y saber que cuentas con las capacidades, disciplina y profunda pasión la cual te permite seguir, y siempre dar lo mejor de ti, fue uno de los aspectos que mayor trascendió en mi forma de trabajar y desenvolverme en la vida.
AA: Me llevo experiencias inolvidables, aprendizajes que trascienden lo estrictamente profesional, sobre todo, personas a quienes siempre agradeceré el apoyo y la disposición que tuvieron para compartir sus conocimientos y experiencias. Durante la competencia conocí personas extraordinarias con quienes compartimos el reto de prepararnos, aprender y superar las dificultades del proceso. En lo personal, me llevo una mayor confianza en mis capacidades, no porque haya dejado de tener dudas, sino porque aprendí que puedo enfrentarlas con enfoque y disciplina. Me quedo, especialmente, con la certeza de que el trabajo en equipo no solamente distribuye responsabilidades: también potencia lo que cada integrante es capaz de aportar.
MV: La forma de trabajo en equipo con personas de gran calidad humana, amplias habilidades académicas e intelectuales que hicieron que el moot fuera una experiencia maravillosa y que se obtuvieran buenos resultados. También obtuve mucho conocimiento de propiedad intelectual, aprendí a gestionar mis tiempos y a poder eficientar las formas de trabajo ya que teníamos distintos horarios y obligaciones por lo que mi disciplina en general mejoró. Por último, me di cuenta de lo que el trabajo en equipo es capaz si existe constancia y pasión en el hacer.
FJ. Si tuvieras que describir la experiencia del moot en una palabra ¿cuál sería?
RG: Transformación.
AV: Visión
MV: Satisfacción.
FJ ¿Qué implicó aprender PI en un sistema extranjero?
RG: Representó un reto, si bien la propiedad industrial comparte múltiples principios rectores, volverse experto en un sistema diferente al de nuestro país y reconocer los matices entre ellos, fue una experiencia retadora en todos los sentidos.
AA: Fue un reto que me permitió estudiar esta rama desde una perspectiva distinta a la que conocía. Una de las cosas que más me interesó fue comprender cómo, a partir de los esfuerzos de armonización y cooperación internacional impulsados por organismos como la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, la PI comparte principios y marcos de referencia que permiten encontrar puntos de conexión entre distintos sistemas jurídicos. Sin embargo, también comprendí que esa convergencia no elimina las particularidades de cada país o región. Esto me permitió reconocer que comparar sistemas jurídicos no consiste únicamente en identificar sus semejanzas y diferencias, sino también en descubrir distintas formas de abordar una cuestión jurídica y las estrategias que pueden surgir de ellas.
MV: Fue bastante interesante porque se trató de una jurisdicción que es parte de una zona de integración regional, por lo que fue necesario estudiar sus normas supranacionales y precedentes que de las jurisdicciones que también forman parte de esta.
FJ ¿Cuál fue el mayor reto en la competencia? ¿Cómo hiciste para resolverlo?
RG: En lo personal, la fase de rondas orales. Todos los días te enfrentabas en tiempo real a un equipo diferente ya sea como actor o demandado, el cual al igual que nosotros, llevaban meses estudiando el caso, jurisprudencia, tratados internacionales, normativa y los argumentos alrededor de ello, representó uno de los mayores retos. La forma de afrontar lo anterior, fue a través de la continua y constante investigación, nunca deje de estudiar, la organización, disciplina y atención al detalle.
AA: Para mí, uno de los mayores retos fue la fase de rondas orales. Después de meses de preparación teórica, teníamos que defender nuestros argumentos en tiempo real frente a equipos que también habían estudiado profundamente el caso. No bastaba con conocer nuestra postura: debíamos escuchar con atención, responder las preguntas de los jueces, identificar las debilidades de los argumentos contrarios y adaptar nuestras respuestas sin perder claridad ni enfoque. Para afrontarlo, tuve que volver a algo tan básico como fundamental: la práctica. Las rondas orales me dieron la oportunidad de trabajar en mi forma de comunicar, aprender a interactuar con los presentes durante la exposición y, sobre todo, recibir retroalimentación para identificar qué podía mejorar. Entendí que no bastaba con estudiar y conocer los argumentos; también era necesario aprender a transmitirlos. La preparación no eliminaba la incertidumbre, pero la práctica constante y la retroalimentación nos daban herramientas para responder ante ella.
MV: Encontrar el problema jurídico detrás de toda la información extra y tratar de resolverlo de manera coherente, convincente, lógica y no contradictoria.
FJ ¿Qué parte de ti tuvo que evolucionar para poder competir al nivel que exigía el Moot?
RG: Comprender que el trabajo en equipo es fundamental, reconocer que es necesario la colaboración y ayuda de otros para enriquecer el trabajo es un aspecto fundamental en todos los sentidos.
AA: La parte de mí que más tuvo que evolucionar fue mi manera de ver mi propia carrera. El conocimiento era indispensable: necesitábamos estudiar, investigar y dominar los temas para poder competir. Sin embargo, entendí que saber Derecho no significa automáticamente tener experiencia, y que la experiencia tampoco aparece de un día para otro. La disciplina, la constancia y el compromiso con uno mismo y con los demás son los que, con el tiempo, permiten transformar el conocimiento en experiencia y, a partir de ella, y, a partir de ella, desarrollar el criterio y la seguridad necesarios para actuar. El Moot hizo que pasara de querer demostrarme que realmente conocía y entendía mi carrera, a querer descubrir hasta dónde podía llevarme todo lo que había aprendido. Empecé a entender que el valor de ese conocimiento no estaba únicamente en dominar cada tema por separado, sino en reconocer cómo podía relacionarse, aplicarse y responder a situaciones que no siempre podía anticipar.
MV: Aprendí que cada persona tiene algo que compartir, que siempre debemos escuchar todas las ideas y que la discusión fortalece a un equipo y su trabajo. A veces cometemos el error de creer que sólo una visión o interpretación es correcta, no obstante, siempre es bueno ser críticos con nuestro trabajo, desde una visión de construcción y apertura. El trabajo siempre es perfectible y cuando escuchamos a los demás el trabajo se mejora sin lugar a duda.
Como parte de la premiación que se llevó a cabo por representantes de ASIPI en México, Renata González presentó un discurso, a nombre del equipo premiado, del cual presentamos un fragmento:
“El proceso implicó disciplina, trabajo en equipo, sacrificios, resistencia y una profunda inmersión en el análisis jurídico durante cinco meses. Cada argumento que presentamos fue el resultado de horas de investigación, discusión y revisión crítica. Estudiamos la legislación de la comunidad andina, peruana e internacional, su doctrina, analizamos precedentes y discutimos nuestras líneas argumentativas lo cual, incluso, nos obligó a cuestionar constantemente nuestras propias posturas. […]
A ello se sumó un reto adicional: éramos tres integrantes que, a su vez, atendíamos responsabilidades académicas y profesionales de manera individual. La carga de trabajo fue extenuante y exigió organización, confianza mutua y comunicación constante. […]
La mayor lección fue entender que podemos lograr todo con constancia, disciplina y entrega. Pero, sobre todo, me enseñó que el trabajo en equipo potencia las capacidades individuales de una manera que difícilmente podríamos alcanzar por separado.
Me llevo una extraordinaria experiencia, desarrollamos amplias capacidades de escucha activa, adaptabilidad, pensamiento crítico, y confiamos unos en los otros para poder avanzar en cada una de las fases. Personalmente representó un antes y un después en mi desarrollo personal y profesional, representó salir de mi zona de confort y llevarme múltiples veces al límite.”
Finalmente, los integrantes del equipo participante invitan a la comunidad jurídica y académica a continuar preparándose ante los desafíos que plantea la protección de la propiedad intelectual en América Latina, así como a mantenerse actualizados frente a la evolución de los marcos normativos y los retos que surgen en la práctica jurídica.










