Quién apoya nuestras carreras. Quién comparte información sobre una oportunidad. Quién nos incorpora a un proyecto relevante. Quién nos explica las reglas no escritas de una institución. Quién nos presenta a alguien y quién piensa en nuestro nombre cuando se abre un espacio.
Ese conjunto de información, reputación, relaciones y códigos constituye capital profesional, el problema es que, históricamente, su distribución no ha sido equitativa ni mucho menos igualitaria para las mujeres, muchas de estas redes se han construido en universidades, clubes, despachos, reuniones sociales y otros círculos a los que no todas las mujeres hemos tenido el mismo acceso.
Por eso me parece importante reconocer lo que iniciativas como la Mentoring Walk de Lentes Púrpura, Vital Voices y la firma Creel, García-Cuéllar, Aiza y Enríquez ponen sobre la mesa, la posibilidad de abrir esos circuitos y hacer que la experiencia y las herramientas necesarias para desarrollarse profesionalmente dejen de transmitirse únicamente por cercanía, pertenencia o acceso previo a determinados espacios.
Un sistema de mentoreo puede funcionar, entonces, como una herramienta para democratizar aquello que normalmente se aprende de manera informal y cupular. Sobre todo si consideramos que, en los despachos jurídicos de México, las mujeres representan el 39% de quienes ejercen la abogacía, pero ocupan apenas el 17% de las posiciones de alta responsabilidad, de acuerdo con la International Bar Association.
Tuve la oportunidad de formar parte del pool de mentoras y compartir este espacio con mujeres de trayectorias profesionales muy distintas, para conversar con estudiantes sobre nuestras experiencias, aprendizajes y caminos dentro de la profesión jurídica y profesional. Entre ellas estuvieron Alix Trimmer, abogada laboralista y fundadora de LAIN Laboral, desde donde ha desarrollado una práctica especializada en relaciones laborales, y Tania Nannous, fundadora de Lentes Púrpura, quien ha consolidado una consultora pionera en igualdad y perspectiva de género para empresas.
Pero quizá una de las razones por las que creo tanto en estos espacios es porque yo misma he experimentado el valor del mentoreo en mi trayectoria profesional, especialmente de otras mujeres. En distintos momentos he encontrado en ellas referentes y perspectivas que me han ayudado a evaluar oportunidades y definir siguientes pasos, como la abogada María Elisa Vera, asociada senior de Von Wobeser y Sierra, cuya experiencia ha sido especialmente valiosa para orientar algunas de mis decisiones de carrera.
Cada vez soy más consciente de que las carreras no se construyen de manera lineal ni llegamos a un punto en el que dejamos de necesitar consejo, referencias o nuevas perspectivas y ahora entiendo que el capital profesional circula precisamente cuando entendemos que, dependiendo del momento de nuestra trayectoria, podemos ser mentoras, mentees o ambas cosas al mismo tiempo.







