Inteligencia Artificial: herramienta para una justicia accesible y expedita

Sophia es una robot humanoide desarrollada por la compañía Hanson Robotics, con sede en Hong Kong, la cual fue diseñada para aprender y adaptarse al comportamiento de los seres humanos; de hecho, fue creada con el objetivo de ser una compañera para gente mayor en residencias o para apoyar en grandes eventos o espectáculos.

De acuerdo con sus creadores, posee un software de Inteligencia Artificial (IA) que le permite imitar gestos y expresiones faciales, tiene la habilidad de contestar a ciertas preguntas y sostener conversaciones sencillas sobre temas previamente definidos.

Dentro de la web, podemos encontrar videos en los que Sophia interactúa con diversos entrevistadores; incluso destaca uno en el que mientras el periodista expresa sus preocupaciones en torno a los robots, Sophia bromea y le responde que «ha estado leyendo mucho a Elon Musk», fundador de Tesla, quien en años recientes ha declarado que “es urgente regular la Inteligencia Artificial antes de que se convierta en un peligro”. Además, en 2017, durante la Cumbre de Inversión Futura en Riad, Arabia Saudita, Sophia se convirtió en la primera robot en tener una nacionalidad.

Esta anécdota, no es parte de la novela Yo, Robot de Isaac Asimov, tampoco es el borrador de un capítulo de la serie distópica Black Mirror, lo anterior es una historia real. Y es que, en nuestro día a día vivimos y experimentamos la Inteligencia Artificial por medio de nuestros teléfonos inteligentes, el Internet de las Cosas, la expansión de las ciudades o en cualquier sector productivo de la economía a nivel global.

Ejemplo de lo anterior es que en una actividad tan tradicional como la legal, la Inteligencia Artificial llegó para revolucionar y plantear un nuevo paradigma en el que la innovación y la transformación digital se han convertido en elementos disruptivos de relevancia que implican nuevos cambios y desafíos en los procesos jurídicos.

Como uno de los pioneros de la implementación de tecnología en el sector legal de América Latina, Jesús Andrés Gómez, Country Manager de Lemontech ha sido testigo del crecimiento vertiginoso en la implementación de los avances tecnológicos en los despachos de abogados en la región. Y es que, frente a una amplia oferta de servicios legales, estos profesionales ahora deben buscar nuevas formas para brindar un servicio con alto valor agregado, eficiente y, si se puede, económico; por ello, la tecnología se ha convertido en su gran aliado, mejorando y fortaleciendo el funcionamiento del sistema jurídico en su conjunto, incluyendo las instituciones, las normas y los actores que intervienen en el mismo.

Por lo anterior, la llegada de los avances tecnológicos al sector legal latinoamericano trajo una manera distinta para que los despachos legales y los departamentos jurídicos de las empresas modernizaran sus procesos, ahorrando tiempo, disminuyendo los errores y los riesgos al mínimo, logrando un impacto positivo en el manejo de las horas, la administración del despacho, la facturación, así como en el seguimiento de los juicios y sentencias de forma automatizada y digital.

En el marco de esta transformación, los abogados de la región aún tienen la tarea de reconstruir el discurso jurídico y de evolucionar la forma en la que toman decisiones, porque es tiempo de que se automatice lo automatizable para que los abogados inviertan sus esfuerzos en la generación de valor para el cliente y para todo el sistema judicial.

Hoy, el sector legal ha abierto las puertas a la tecnología y a la digitalización; sin embargo tenemos un largo camino que recorrer ya que los retos para la innovación y la implementación de Inteligencia Artificial en el sector legal van desde adecuarse a las regulaciones de cada país para cumplir con la normatividad vigente; evangelizar a las nuevas generaciones de abogados de que la tecnología es su amiga; conocer las reformas al sistema jurídico de cada país y lograr que tanto los proveedores de servicios legales como las instituciones de justicia estén convencidos de que la tecnología es un aliado para que la administración de la justicia sea más eficiente.

El debate está abierto, y no hay duda de que el mejor abogado del siglo XXI será aquel que abrace la innovación y le da la bienvenida a un mundo de algoritmos y robots donde la justicia es asequible y accesible para todos.

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