Filosofía jurídica, medio ambiente y ser humano

La conceptualización que se tiene de lo humano y de lo que no consideramos humano data de una ciencia que está siendo rebasada actualmente. Hay demasiadas interrogantes en torno a ello: ¿La antropología debería replantearse el concepto de humanidad? ¿Replantear el concepto de ser humano? ¿Por qué seguimos considerando al ser humano como el centro sobre el que giran las decisiones del planeta? La filosofía jurídica podría acercarnos a aclarar por qué dejamos al medio ambiente y “a lo animal” en un segundo plano.

¿Es el ser humano la cuestión central?

Todos hemos sido testigos de la evolución de las ciencias en nuestro entorno, hemos aprendido la evolución humana y la conceptualización de lo que la antropología hizo del hombre, ese hombre sobre el que giraba todo lo demás, desde nuestro ambiente hasta el desarrollo científico, siempre buscando el bienestar de los seres humanos. Hasta un hace un instante (un instante no determinado) éramos el inicio y punto de llegada de todo cuanto acontecía, pero ahora, ante una civilización que puede ser “poshumanista” ya no podemos considerarnos como una prioridad.

Las reflexiones en torno al “poshumanismo” nos permiten realizar un análisis de la condición humana en perspectiva a un futuro ya no distante, en ese “poshumanismo” el hombre, el ser humano, ha perdido la centralidad y se sitúa como un elemento más de un orden nuevo y diferente; un orden en el que converge nuestro medio ambiente y aquello a lo que, durante siglos, hemos llamado “lo animal”.

Todo el propósito de las “poshumanidades” se sustenta en la percepción de que la pregunta de “lo humano” ha dejado de estar confinada al estrecho marco que le había dado la filosofía moderna y se ha volcado al complejo ámbito de lo “viviente”, y esta ampliación de los límites de su objeto va acompañada, evidentemente, de una reformulación.

Entonces volvemos a cuestionar ¿es el ser humano la cuestión central? No, ya no lo es y, quizá, nunca debió serlo, pero el egocentrismo de la antropología y de las humanidades nos hizo pensar, hasta hace un instante, que lo éramos. Ahora cabe reformular entonces la concepción de lo humano y ampliar el campo de su definición y considerar, claro está, al medio ambiente como parte integrante del orden en el que nosotros somos sólo un elemento más.

 

La cultura “poshumana”, la cuestión animal y el medio ambiente.

Phillippe Descola, reconocido antropólogo, en su obra “Más allá de naturaleza y cultura”, menciona una hipótesis que bien podría dar respuesta a la crisis medioambiental que vivimos hoy en día, menciona pues que la visión, desde luego errada, de los seres humanos de que la naturaleza es (era) un mero objeto explotable del que debía servirse el ser humano para alcanzar sus fines y propósitos inherentes a él, ha sido la principal causa de los actuales tropiezos ecológicos que van desde las modificaciones climáticas hasta la polución de subsuelos y cursos de agua.

Y es que esa visión o concepción filosófica del hombre como el centro de todo se remonta a hace siglos, desde Aristóteles ya se percibía dicha conceptualización. Pero, como hemos dicho, la cultura “poshumana” ya no concibe al ser humano de dicha forma, con lo que nace una cosmología más integrante de los seres vivos (y de lo que puede considerarse como tal), una perspectiva en que “lo animal” podría ser considerado como sujeto de derechos (aunque no de obligaciones), una visión en la que la naturaleza será protegida y podrá dejar de ser devastada.

El propio descola señala a manera de anécdota cómo diversas culturas (que se consideran incivilizadas) han protegido y garantizado el bienestar natural y animal, apegándose a principios y conceptos un tanto complejos de entender para las ciencias jurídicas, tales como “el alma”, de lo animal y lo natural, y es que las ciencias jurídicas se han cerrado demasiado respecto a ello; no existen demasiados juristas que deseen afirmar que los animales deben ser sujetos de derecho y que nuestro medio ambiente debe ser protegido, y menos son los juristas que se preocupan por poner en tela de juicio la conceptualización de lo humano, de lo animal y de lo natural.

Un ejemplo de lo que acabamos de mencionar son los achuares (tribu amazónica) quienes, de acuerdo con lo que señala Descola, consideran que los animales y la naturaleza tiene wakan (alma) ¿por qué? Porque forman parte de un todo, un todo que no sería posible sin ellos, un todo en el que los humanos son engrane de una maquinaria mayor: la vida. ¿Es hora de que la concepción del ser humano evolucione? Nosotros creemos que sí.

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