La declaración de culpabilidad de Ismael “El Mayo” Zambada en una corte federal de Nueva York, no es solo un episodio más en la larga historia del narcotráfico mexicano, es un terremoto político. El veterano líder del Cártel de Sinaloa aceptó haber dirigido una de las organizaciones criminales más poderosas del continente, así como haber corrompido a policías, militares y políticos mexicanos durante cinco décadas.
La confesión, aunque sin nombres propios, tiene el peso de una verdad incómoda: el narcotráfico no habría alcanzado tal magnitud sin la complicidad activa de importantes sectores...
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