Ha quedado en el pasado el juez Hércules. Basado en el ser humano, o tal vez en un ente divino, dejado a sus fuerzas y sabiduría, encuentra que de forma abrupta e inesperada, ha llegado el momento de hacerse a un lado.
Juez que se retira.
El inicio de la computación cuántica, junto con la era dorada de la Inteligencia Artificial alumbra al sucesor de Hércules: el juez Quantum.
Piensa en esto: hoy existen computadores cuánticos capaces de procesar setenta y dos trillones de bytes de memoria, según afirma Michio Kaku en “Supremacía cuántica”.
El juez Quantum, gracias a esa infinita capacidad de cómputo, es una Inteligencia Artificial que conoce toda la teoría, todas las sentencias, todos los dictámenes, todo conocimiento técnico de cualquier disciplina, y es capaz de realizar de forma computarizada cualquier operación científica, matemática o de otro tipo que sea necesaria para resolver el asunto.
Su señoría Quantum no requiere peritajes, tan solo una correcta recolección de muestras.
Este juez tiene todo el conocimiento de la humanidad acerca de las reacciones físicas del cuerpo, con ese conocimiento y ayudado por sus sensores, es capaz de formular las preguntas exactas a los testigos, y de detectar el más mínimo indicio de invento o mentira.
Nadie le engaña.
Dotado de la potestad de ordenar pruebas para mejor proveer y con acceso inmediato a cualquier base de datos, el juez Quantum tiene acceso a cualquier documento, audio, video, imagen, sin mayor requerimiento.
Y, como no se cansa ni tiene familia, amistades o compromisos, este Juez trabaja todos los días del año. No hay navidades ni cumpleaños que distraigan.
De forma expedita, dicta sentencias que cuentan con la más sólida argumentación. No se equivoca en las citas legales, ni alucina jurisprudencias inexistentes, porque su inimaginable poder de procesamiento le hace acertar, no meramente acercarse a lo más probable, como sucede con la Inteligencia Artificial anterior a la computación cuántica.
Quantum no hace justicia. Es la justicia.








