Angélica Odette Muñoz Espinosa, coord. Anaya Editores, 2026
El sistema penal acusatorio en México ha traído consigo una exigencia técnica sin precedentes para los operadores jurídicos. Esta obra colectiva plantea desde las primeras páginas que la labor de juzgar ha dejado de ser una apreciación subjetiva para transformarse en un ejercicio de racionalidad epistemológica. El libro no se presenta simplemente como un manual, sino como un manifiesto contra la arbitrariedad judicial, defendiendo que, en un Estado de Derecho, el estándar de «más allá de toda duda razonable» no puede colmarse únicamente con el testimonio de la víctima, sino que debe sostenerse en un engranaje probatorio donde la ciencia forense suministre los datos objetivos externos que doten de fiabilidad a la narrativa procesal. El texto rescata criterios de la CIDH, señalando que la violencia sexual es una forma de tortura utilizada como medio de control y humillación e instruye al operador jurídico sobre cómo valorar inconsistencias en el relato que son propias del trauma, evitando que estas se usen indebidamente para restar valor probatorio. Este texto surge en un momento crítico donde la impunidad en delitos sexuales a menudo se debe a investigaciones deficientes o a valoraciones basadas en prejuicios. Por lo que se posiciona como una herramienta esencial para los fiscales, ofrece el rigor para acusar con bases sólidas; para los defensores, las herramientas para cuestionar con fundamentos técnicos; y para los jueces, los elementos para sentenciar con base en el saber científico y no en la mera creencia. Como bien señala el Dr. Gerardo Campos Malagón en el prólogo, la clandestinidad de estos delitos impone al juzgador la obligación de realizar un ejercicio de valoración de la más alta exigencia técnica.








