La pintura de Friedrich August Moritz Retzsch, conocida como “Los Jugadores de Ajedrez” (1831), captura un momento de tensión extrema: un joven se enfrenta al diablo en una partida que parece condenada al jaque mate. El demonio sonríe con arrogancia, convencido de haber acorralado por completo a su oponente. Sin embargo, una mirada más cuidadosa muestra que no todo está perdido; el rey aún conserva un movimiento posible, un detalle sutil que representa la esperanza y la posibilidad de resistencia incluso en la peor de las situaciones.
Esta alegoría encaja de manera sorprendente con las recientes amenazas de Estados Unidos contra naciones soberanas como Venezuela, México y Groenlandia. En el tablero del derecho internacional público, Washington se comporta como esa figura intimidante, lanzando jaques que desafían la soberanía de otros países y violan normas esenciales del orden global. Pero, tal como ocurre en la obra de Retzsch, siempre queda espacio para una respuesta: el apego a la legalidad internacional, la diplomacia colectiva y la solidaridad entre las naciones afectadas.
Los Pilares del Derecho Internacional Bajo Presión
El Derecho Internacional Público, tal como se consagra en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, busca preservar la paz a través de reglas claras y obligatorias para todos los Estados. Uno de sus principios fundamentales prohíbe de forma expresa la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier país.
Esta norma nació de las lecciones más duras de la historia y pretende impedir que las grandes potencias impongan su voluntad de manera unilateral. Sin embargo, las acciones recientes de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, representan un desafío directo a estos principios, evocando doctrinas del pasado que hoy chocan frontalmente con el marco multilateral.
Estas amenazas van más allá de la retórica: han derivado en operaciones concretas que desestabilizan regiones enteras y debilitan el tejido mismo del Derecho Internacional. En un mundo interconectado, cuando una potencia actúa de esta forma, no solo perjudica a las naciones directamente involucradas, sino que también genera un precedente peligroso que otras potencias podrían imitar en sus propias esferas de influencia. Por eso resulta tan importante analizar cada caso con detalle y entender tanto las violaciones como las posibles salidas o alternativas.
Venezuela: De la presión a la intervención directa
Venezuela ha sido el blanco más visible de esta agresividad. En este mes de 2026, fuerzas estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro en una operación militar que incluyó bombardeos y dejó más de cien personas muertas, justificándola como una lucha contra el “narco-terrorismo”. El presidente Trump ha declarado abiertamente que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela, asumiendo el control de sus reservas petroleras y amenazando con más intervenciones si no se ajusta a su visión de transición. Esta acción viola de manera clara el principio que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza, así como el de no intervención en los asuntos internos de otro Estado, ambos respaldados por resoluciones de la Asamblea General de la ONU y por sentencias históricas de la Corte Internacional de Justicia, como la del caso Nicaragua vs. Estados Unidos en 1986.
En este escenario, Venezuela parece estar en jaque mate: asfixiada por sanciones, aislamiento diplomático y ahora una intervención militar abierta. Sin embargo, al igual que en la pintura de Retzsch, existe una escapatoria. La comunidad internacional, incluidos varios aliados europeos, ha condenado la operación como una violación flagrante del Derecho Internacional. Países como Brasil y Colombia han impulsado sesiones de emergencia en el Consejo de Seguridad de la ONU. La solidaridad latinoamericana y el recurso a instancias multilaterales constituyen esa jugada adicional que el agresor no siempre prevé.
México: Coerción económica y sombras militares en la frontera
Más cerca de nuestras fronteras, México enfrenta presiones que combinan amenazas económicas con insinuaciones de acción militar. Trump ha exigido al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum que intensifique la lucha contra los cárteles de drogas, advirtiendo que, de no hacerlo, Estados Unidos podría intervenir de forma unilateral. En varias declaraciones ha sugerido “hacer algo sobre México”, vinculando el tema a la migración y al comercio, e incluso mencionando posibles ataques contra objetivos narcotraficantes en territorio mexicano. Estas tácticas contravienen tratados regionales que prohíben el uso de la fuerza o cualquier forma de coerción para resolver disputas en América, así como el principio general de solución pacífica de controversias consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.
Desde mi perspectiva como mexicano, esto no representa solo una infracción legal, sino un riesgo concreto para nuestra soberanía nacional. México ha respondido con diplomacia firme: ha condenado públicamente las acciones en Venezuela como transgresiones graves a la Carta de la ONU y ha priorizado la cooperación bilateral en lugar de aceptar imposiciones. En el tablero de Retzsch, México aparece como el jugador angustiado, pero su salida se encuentra en el fortalecimiento de alianzas regionales y en el uso de acuerdos comerciales que limitan el margen de maniobra unilateral de Estados Unidos.
Groenlandia: Expansionismo ártico y el Derecho a decidir
Quizá el caso más desconcertante sea el de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca. Trump ha retomado su vieja idea de “adquirir” la inmensa isla por sus recursos minerales y su posición estratégica en el Ártico, llegando a insinuar compras forzadas o incluso acciones militares bajo el argumento de la seguridad nacional. El gobierno groenlandés ha rechazado de manera categórica cualquier forma de anexión. Esta amenaza vulnera el Derecho de los pueblos a la libre determinación, reconocido en tratados internacionales clave, y nuevamente el principio que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado, incluso cuando se trata de un aliado de la OTAN.
En este caso, la metáfora de Retzsch cobra especial fuerza: Groenlandia parece atrapada por un adversario mucho más poderoso, pero su escapatoria reside en el respaldo europeo y en la propia estructura de la OTAN. Figuras como el secretario general de la ONU han calificado estas presiones como un atentado contra los fundamentos de la seguridad internacional, y han insistido en la necesidad de respetar la soberanía. Dinamarca y la Unión Europea cuentan con herramientas diplomáticas y económicas para contrarrestar este jaque.
Conclusión: Siempre queda una jugada más
Tal como sucede en la pintura de Retzsch, donde el jaque mate aparente termina siendo una ilusión y la salvación resulta posible, las amenazas de Estados Unidos no son inevitables ni irreversibles. El Derecho Internacional ofrece instrumentos reales y efectivos: recursos ante la Corte Internacional de Justicia, condenas en foros multilaterales y la formación de coaliciones regionales. En mi opinión, estas acciones no solo son ilegales, sino profundamente contraproducentes, porque generan inestabilidad, resentimiento y un debilitamiento general del orden global. Países como Venezuela, México y Groenlandia tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de unirse en defensa del multilateralismo, recordando que el poder nacional siempre tiende a subestimar la resiliencia de quienes deciden resistir. En un mundo marcado por los eventos de 2026, donde el unilateralismo pone en jaque muchas conquistas del siglo XX, la verdadera escapatoria no está en ceder ante la presión, sino en reafirmar con determinación el Derecho Internacional.








