Llevo algún tiempo reflexionando sobre la cara olvidada del proceso de reforma judicial. Aquella que no se explica desde el Derecho, ni desde la política, ni desde la administración pública. Una dimensión humana, ética, cotidiana. Un campo minado de contradicciones en el que se pone a prueba, más que la constitucionalidad de una reforma –que algunos dan por superada–, lo que sigue vigente es el debate sobre la integridad de quienes participan en ella.
“La virtud es un hábito de libertad. Si somos libres en cada acto, y cada vez estamos llamados a elegir entre el bien y el mal, la virtud es...
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