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Se Viene el Verde

Máquina del Tiempo Musical

Una avalancha de semáforos verdes acompaña la movilidad y el optimismo en nuestra creciente república mexicana.

El movimiento social es evidente y notorio.  Sea por hartazgo, por necesidad o simplemente porque sí, es innegable que las personas de las ciudades estatales han relajado con resignación el temor al contagio por COVID 19.

Parece que el final de la pandemia se acerca, así se deja sentir el calor generado por el movimiento social cotidiano. Lejos estamos de aquellos días de encierro, distancia y excesiva precaución a los efectos de lo desconocido.

Las familias con hijos pequeños, que han decidido continuar guardando celosamente las medidas de protección para blindar a sus niños de una posible infección del virus del siglo XXI, también visualizan en el horizonte cercano un rayo de esperanza:  la vacuna para niños ya ha sido aprobada en los Estados Unidos de América, lo cual significa que pronto será una solución tangible para millones de niños mexicanos.

La lección de otras pandemias de la humanidad, consultables en nuestra historia, nos demuestra que después de las restricciones se vivieron intensas etapas de hiperactividad social, donde el individuo busca vivir de manera intensa los placeres de la vida antes cotidiana, fiesta, baile y diversión. Parece que el comportamiento social se repetirá ineludiblemente en el marco del hedonismo del nuevo milenio.

Se acerca el final del 2021, y parece que serán dos años los que la pandemia nos robó de la dinámica social.   Ese “parón” no fue del todo malo, reflexiones profundas sobre nuestro papel en este mundo invadieron la mente de millones de personas, acompañadas de una revalorización de la naturaleza y de nuestro estilo de vida, generalmente con conclusiones muy críticas respecto al futuro de nuestro ritmo de vida.

En ese contexto, parece ser que las artes y el mundo del entretenimiento volverán a respirar y saldrán de su largo letargo de inactividad, de su encierro, reconstruyendo el vínculo roto que une y da sentido a la expresión creativa con su audiencia.

Otra gran lección aprendida es la irreversible necesidad de tener existencia digital, virtual, en las redes sociales y en el ciberespacio. Se ha concluido que si no existes en esos lugares intangibles, no existes en lo absoluto.

Nuevos retos se avecinan sobre nuestro diario amanecer. Un cambio climático que sigue siendo pieza de discurso en los despachos y escritorios más importantes del orbe, sin que los cambios profundos y de fondo acompañen las acciones para erradicar los fenómenos naturales que ya son reto y riesgo de todas las ciudades del mundo.

Es lamentable saber que para todos es obvio el daño del plástico y se siga usando indiscriminadamente para envasar, proteger y transportar todo producto del mercado mundial.

Alimentos contaminados, nuestro papel protagónico en el envenenamiento y destrucción de nuestro entorno natural, parece ser discurso fuera de moda. La hipocresía se ha adueñado de nuestra visión del mundo y nuestra “indignación” solo mueve a realizar publicaciones en la red de redes, usando la plataforma que parezca estar de moda.

Han dejado de existir los grandes ideales y han sido sustituidos por MIS ideales, la visión mas egocéntrica del ser humano hasta ahora. Así, tengo derecho a cambiar todo mi entorno, la forma de entenderlo y la manera de asimilarlo, y convertirlo a lo que a mí me parezca correcto, sin importar mi preparación, edad, madurez e información para entenderlo de una mejor manera.

Al parecer, el cierre de año será una nueva celebración como la que hemos reservado por dos largos años.   Volveremos a ver familias juntas, unidas, si miedo a contagiarnos y que alguno fallezca por Covid-19, gracias a las vacunas y a la baja incidencia del virus más peligroso que esta generación haya conocido.

La política, la educación, la religión, la convivencia social, todos impactados por la restricción social impuesta para mitigar los efectos del virus en la sociedad, y aún así, importantes nombres de familiares y amigos nos abandonaron a causa del coronavirus letal.

El reto es lograr que las reflexiones pospandémicas no se pierdan en un lejano sueño, que no parezcan inútiles o inaplicables, por el contrario, deben de servir para comprender que tenemos mucho que mejorar, y que nuestra reconciliación pendiente con la naturaleza no puede esperar ni un minuto más.

Las diferencias políticas nunca se irán y se debe aprender a dialogar e involucrarse en el entorno inmediato, para generar una sociedad mas participativa y generadora de soluciones.

¿Estás listo para ser protagonista responsable de los primeros pasos del cambio?

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