Resignificación

Los monumentos son símbolos de un pasado siempre futuro, porque su significado no se encuentra en las inscripciones que tienen, sino que le es asignado por el imaginario colectivo, por tanto, es cambiante. Las piedras no tienen un mensaje pétreo.

Todo monumento es un espacio público por naturaleza, se hace y se coloca para ser visto por todas las personas a quienes manda un mensaje. Esa calidad de público es lo que permite su apropiación por la comunidad.

Hay memoriales que se rechazan, bustos que se respetan solo por el riesgo de perder la vida o la libertad por derribarlos, pero que inexorablemente son destruidos cuando el pueblo por fin se convence de que puede hacerlo. Otros nacen espontáneamente del dolor o el agradecimiento común.

Sea cual fuere su origen, el sentido que se les asigna cambia con el tiempo. La historia se vuelve a escribir, los grandes nombres dejan de serlo, las figuras emblemáticas del pasado y los hechos en que participaron vuelven a sopesarse.

Además, esa asignación de significado puede cambiar por sucesos o experiencias sociales nuevas.

Un monumento erigido con un motivo puede sumar otro por la resignificación que hace la comunidad, y que es posible por su carácter de objeto público. Resignificado por un acto popular el memorial no es degradado, justo se le asigna un nuevo sentido por su razón de ser visible y frente al cual no se puede permanecer indiferente.

Resignificar es dar vida.

 

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