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Lavado de manos legislativo

En los pasados días de reflexión con motivo de la Pascua, para los millones de católicos y judíos en el mundo, y dado que el titular del Poder Ejecutivo aprovecha cualquier circunstancia para entrelazar su narrativa con la Palabra religiosa, quiero compartir algunos pensamientos que, en realidad, encierran preocupación por la difícil situación nacional que vivimos y la debacle económica que viviremos en cuestión de semanas, así como las decisiones tomadas desde Palacio Nacional.

No. No se espanten, desde este espacio analizamos lo legislativo y las decisiones que se toman en representación de las y los mexicanos, todos, así como el contrapeso que debería ser de los otros 2 Poderes de la Unión.

Bastó la presencia de un virus invisible y diminuto para paralizar la vida nacional e internacional y resaltar el importante papel de la representación parlamentaria que, ante los desafíos de la crisis sanitaria, económica y de seguridad, exige compromiso, responsabilidad y sensatez legislativa.

Ante las circunstancias de crisis, la incertidumbre y el miedo por los efectos del Coronavirus, en Palacio Nacional se han tomado una serie de medidas que han dejado inquietos a muchos, no sólo porque continúa con el llamado permanente a la división, sino porque no enfrenta los problemas.  Puros deseos para el porvenir… de la 4T.

En la mayoría de los espacios noticiosos se ha destacado la falta de sensibilidad, soberbia y olvido presidencial que, en su afán de repartir dinero público entre los vulnerables, olvidó apoyar a los que producen alrededor del 80% de los empleos en México y, por consiguiente, generadores de riqueza.

Al margen de las notorias diferencias entre el responsable del timón nacional hasta 2024 y el otrora candidato por 18 años (con todo y el abismo de congruencia), se debe rescatar el caudal informativo sobre los efectos de la pandemia a nivel internacional que, ante las decisiones del gobierno federal, en el Poder Legislativo deberían darse, además de los exhortos -para que el presidente escuche a todas las voces-, propuestas, iniciativas y, en su caso, reorientación del presupuesto 2020.  No en vano, en el diseño legislativo e institucional, es un Poder autónomo.

Adicionalmente, en los hechos, hacer un llamado a la unidad nacional que debería empezar en el Congreso de la Unión. No es suficiente que en las conferencias matutinas se llame a la unidad (que no se ha hecho), se agradezca la solidaridad y compromiso con la fraternidad, cuando en las palabras diarias, solo hay reclamo para los que tienen visión distinta al gobierno. No se entiende que los mexicanos no somos enemigos de los mexicanos, como se ha querido ver. Y qué mejor que lo demuestre la representación popular de la República.

En esta hora de la Patria, no vale el «lavado de manos legislativo» de los que hoy conforman la mayoría parlamentaria. En la voluntad personalísima de cada legislador, está el que se asuma la responsabilidad, que trabajen por el bien común. Terminar con el tóxico torneo de «vencidas políticas» que fructifica en el recuento de votos legislativos y que los que hoy nos representan (628) se apliquen en la ruta para mitigar el dolor humano ante las crisis que enfrentamos.

Dejar de pensar en la conveniencia personal y/o de grupo, dejar de lado la proximidad de las elecciones (con todo y el futuro individual) y representar a los habitantes de México. Prioritario es que escuchen, atiendan y actúen de inmediato, que no terminen como Poncio Pilatos: con un lavado de manos legislativo, ante el dictado unipersonal que señala al pueblo, como único responsable de las decisiones.

Adicional a lo anterior, se ha planteado la posibilidad de que algunos Gobiernos Estatales, propongan su salida del Pacto Federal, tal como lo dijo el Gobernador de Jalisco, “Aquí en Jalisco no vamos a permitir que se vulnere nuestra soberanía ni mucho menos que se traicione el pacto federal”. Recordemos que el espíritu compensatorio del Pacto Federal es para promover el desarrollo equitativo de todos los miembros de la Federación, los Estados de la República y no para persistir en los contrastes y rezagos. Ello exige avanzar a un federalismo que sea un instrumento de redistribución equitativa de los recursos y las oportunidades. El Pacto Federal reconoce que todos los órdenes de gobierno, las entidades federativas y los órganos del Gobierno Federal deben asumir corresponsablemente la recaudación, así como los programas y acciones para equilibrar recursos y oportunidades, a fin de mitigar las disparidades en el desarrollo entre los estados y entre los municipios.

Es necesario que el Congreso asuma su responsabilidad porque la tienen, y determinar acciones inmediatas en Política Fiscal para terminar con los favoritismos estatales y la inequidad en la aritmética Electoral.

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