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La Teoría de la Improvisación de la Política Pública

La estadística no solo son números y cifras que devienen de la ociosidad, son un reflejo de la realidad que muchos no quieren saber, pero que pocos de atreven a analizar. Para una buena cantidad de profesionales de las ciencias sociales, la estadística se nos hace una disciplina que no tiene caso estudiar porque probablemente no le entendemos, no obstante, para quienes tienen la responsabilidad de planear políticas públicas, no debe ser, es un elemento fundamental en el desarrollo de su trabajo.

Esta es una cuestión que el Gobierno de la República no se ha planteado, ya que consideran que las estadísticas emanadas de las encuestas, censos y demás actividades que realiza el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), son gastos que bien el país se puede ahorrar. Lo anterior, debido a que no es un secreto que se tiene la creencia dentro del nuevo gobierno, que el INEGI es una más de las instituciones que no sirven y que hay que erradicar porque fueron creadas por el régimen neoliberal. Esta concepción no solo es errónea, es aberrante, debido a que la planeación de políticas públicas, programas de gobierno y demás estrategias deben tener un soporte, en el que se vea reflejada la realidad en la que se van a aplicar o, ¿solo debemos considerar aquello que nos conviene o que creemos que es correcto?

Tanto para el sector público, como para el sector privado, el uso de la estadística tiene como propósito el sustentar las decisiones que se toman en el marco de la implementación de sus estrategias de trabajo y, muchas de esas cifras son tomadas directamente del INEGI. Este instituto anunció la semana pasada, la suspensión de la realización de 14 encuestas, en el marco de la reducción del presupuesto que el Legislativo destinó hacia el instituto. Esta reducción en el gasto del INEGI es algo que resulta no solo indignante, sino preocupante, pues los resultados de estos sondeos resultan indispensables para el desarrollo nacional y para un posible ahorro que se podría dar en el marco de la llamada “Austeridad Republicana”.

El nuevo gobierno y el Legislativo tienen una concepción errónea, respecto a la importancia que tiene el INEGI en la vida de la nación. Ya que dentro de su política de “Austeridad Republicana”, que de republicana no tiene nada, consideran que se tienen que disminuir o erradicar gastos en todas las instituciones públicas. Pero hay que mencionarles a los señores legisladores y demás asesores del Ejecutivo, que el presupuesto dirigido al INEGI no es un gasto, es una inversión necesaria que, si bien no tiene resultados en el muy corto plazo, si beneficiará en la atracción de inversiones y en el acierto de la aplicación del dinero público, para un retorno del mismo en impuestos y otras contribuciones.

También es cierto que las políticas que se implementarán por parte del nuevo gobierno tienen un poco de uso de estadística, al haberse realizado una serie de censos para conocer algunas necesidades que tiene la población. Sin embargo, al contar ya con una institución sólida, con años de experiencia y con metodologías probadas y aprobadas, es mejor fomentar e impulsar los trabajos que se realizan dentro del INEGI o estaremos terminando con uno de los pilares que enriquecen tanto trabajos académicos, como acciones en los tres órdenes de gobierno.

Bien se dice que lo bien hecho debe copiarse y eso es lo que están aplicando algunos gobiernos locales. Ejemplo de ello, es el Estado de México y el Estado de Chiapas, entidades que han creado instituciones que se encargan de generar estadística para la toma de decisiones y que las reflejan en diversas tecnologías de la información que ponen al alcance del público. Aunado a lo ya dicho, el contar con una institución como el INEGI, fomenta la consolidación de un Gobierno Abierto, un tema que ya se mencionó hace dos columnas y que al parecer el Gobierno de la República no tienen en mente aplicar, ni subirse al barco para establecer un modelo de gobernanza que revolucione la función pública.

Es deseable que se considere aportar mayores recursos para el INEGI y que quienes planifican las políticas públicas se acerquen más a la estadística y su aplicación en la realidad. En caso contrario, solo se estarán proyectando y construyendo meras ocurrencias y en el peor de los casos se estará formando toda una Teoría de la Improvisación de la Política Pública, al solo querer tomar en cuenta una percepción subjetiva basada en creencias y no en datos duros, trayendo mayores gastos que beneficios a la mal llamada “Austeridad Republicana”.

 

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