La Originalidad en las Obras de Arte

Foro de Propiedad Intelectual

“La originalidad es el requisito esencial de protección de una obra y ha sido definida por el Glosario de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como ‘la creación propia del autor, y no copiada de otra en su totalidad o en una parte esencial’.”

Los derechos de autor de las obras de arte son especialmente complejos de determinar cuando se trata de demostrar la actualización de los requisitos de protección exigidos por las leyes autorales.

En México, la Ley Federal del Derecho de Autor (LFDA) exige que una obra pictórica o de dibujo, escultórica y de carácter plástico sea original y fijada en un soporte material para ser objeto de protección. Además, solo en el caso de las obras de arte aplicado, tanto el Instituto Nacional del Derecho de Autor como la Sala Especializada en Materia de Propiedad Intelectual del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (SEPI) han exigido como requisito adicional el carácter estético de la obra, lo cual ha sido duramente criticado al contravenir lo dispuesto por la ley de la materia y los tratados internacionales firmados por México que no exigen dicho requisito.

La originalidad es el requisito esencial de protección de una obra y ha sido definida por el Glosario de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como “la creación propia del autor, y no copiada de otra en su totalidad o en una parte esencial”. Asimismo, dicha Organización ha establecido que “la originalidad no ha de confundirse con la novedad; la preexistencia de una obra similar, desconocida para el autor, no afecta la originalidad de una creación independiente”. Por su parte, nuestros Tribunales Colegiados han afirmado que “la originalidad se constituye en un sello personal que el autor imprime en su obra y la hace única”. Entonces, una obra es original si refleja la individualidad del autor y no copia la forma de expresión de otra obra.

La Ley del Copyright de los Estados Unidos señala que una obra se considera original y será objeto de protección si es creada de forma independiente por el autor y cuenta con un nivel mínimo de creatividad. Adicionalmente, la obra no debe ser novedosa para ser original. Una obra que es sustancialmente similar o incluso idéntica a otra obra será protegida por copyright si no fue copiada de esa otra obra. El nivel de creatividad requerido para demostrar originalidad es bajo. El criterio es objetivo y no considera nociones subjetivas de si la obra contiene algún nivel artístico o mérito, a diferencia del carácter estético exigido en México para las obras de arte aplicado. Asimismo, la cantidad de esfuerzo utilizado en la creación de la obra es irrelevante.

Ahora bien, para poner en perspectiva la importancia de la originalidad de las obras de arte, vale la pena estudiar el caso de reventa de obras falsificadas por parte de la Galería de Arte Knoedler, realizadas durante los años 90 y la primera década del siglo XXI.

El caso Knoedler involucra a su entonces directora Ann Freedman, quién vendió más de 60 obras de arte falsas a coleccionistas por un total de 80.7 mdd. Las obras de arte vendidas por la Galería de Nueva York a través de la señora Freedman fueron obtenidas de la intermediaria Glafira Rosales, quién nunca reveló de forma clara el nombre de su cliente, el supuesto propietario de las obras, ni tampoco pudo demostrar la procedencia de estas. En su mayoría consistentes en pinturas de artistas del movimiento contemporáneo del expresionismo abstracto como Mark Rothko y Jackson Pollock.

En el mundo del arte, la procedencia es clave para determinar la originalidad de una obra, ya que contiene el historial de propiedad que permite rastrearlo hasta el momento de su creación. En el caso concreto, la reputación de la Galería Knoedler y su directora fueron suficientes para que los coleccionistas no dudaran de la originalidad de las obras. Por poner un ejemplo, Knoedler revendió obras falsificadas de Rothko en 8.3 y 5.5 mdd, obras que fueron compradas a la señora Rosales en 950,000 y 750,000 dólares respectivamente.

“En el mundo del arte, la procedencia es clave para determinar la originalidad de una obra, ya que contiene el historial de propiedad que permite rastrearlo hasta el momento de su creación.”

La relación entre Glafira Rosales y la Galería neoyorquina era próspera hasta que el coleccionista Pierre Lagrange condicionó la compra de una obra de Pollock a la confirmación de autenticidad por la prestigiosa International Foundation for Art Research, fundación que tras realizar exámenes de procedencia, consultar a especialistas para confirmar que la pintura era consistente con el estilo artístico de Pollock y revisar las propiedades de los materiales de la pintura, concluyó que la originalidad de la obra era por lo menos cuestionable, lo que tuvo como consecuencia que Lagrange obtuviera la devolución de la cantidad pagada a Knoedler por la obra y desatara una ola de demandas contra la galería.

Una década después del inicio del próspero negocio de Knoedler vendiendo obras de Glafira, la galería enfrentó 10 demandas en Estados Unidos, de las cuales 9 no llegaron a juicio y en el único caso que llegó a juicio, Glafira confesó que las obras vendidas a la galería se trataban de falsificaciones realizadas por el pintor chino Pei-Shen Qian, quién solo fue encontrado culpable de la falsificación de firmas de los autores.

Un dato clave encontrado en los interrogatorios realizados por el FBI a Glafira fueron los pagos realizados por la compraventa de las obras falsificadas. En el esquema de pagos, la Galería transfería el dinero a bancos españoles que después dividían el pago en 90% para las supuestas familias propietarias de las pinturas y 10% a Glafira como agente mercantil, situación que resultó falsa, ya que Glafira confesó conservar el total del pago. El pago por la reventa de obras de arte es un factor tan importante que sin duda merece un segundo artículo sobre el derecho de seguimiento (Droit de Suite) de obras plásticas y visuales.

Por su parte, en México no somos ajenos a la falsificación de obras de arte, el pintor José Luis Cuevas fue demandado en 2004 por Manuel de Jesús Salmón Salazar; propietario de una presunta obra de arte del pintor por daño en propiedad ajena y daño moral, ya que al momento de solicitar que el autor autentificará la obra, el artista la rayó y escribió la leyenda “falsa”.

Hasta aquí podemos concluir que la originalidad no solo es un requisito esencial de protección de una obra por derechos de autor, sino que también influye en el valor de la obra con independencia de su calidad. Por ejemplo, durante el mencionado juicio del caso Knoedler, incluso Christopher Rothko expresó en su testimonio que una de las obras falsificadas atribuidas a su padre “era bonita”, declaración que por supuesto no influyó en la discusión sobre la originalidad de la obra, pero me lleva a reflexionar sobre el posible raciocinio de las autoridades mexicanas al exigir el requisito de belleza estética para las obras de arte aplicado y además me hace pensar si una obra pierde valor estético por ser falsa.

Respecto al carácter estético como requisito de originalidad de una obra, la propia SEPI resolvió en sentencia de fecha 30 de enero de 2013 en el juicio de nulidad 1026/12-EPI-01-7 que “para que una obra se considere original, no puede haber sido copiada de otra, debe advertirse algún grado de creatividad, por lo que la originalidad -como aduce la accionante- no tiene relación alguna con la belleza ni la estética, sino simplemente es indispensable que no exista alguna obra que se considere copiada en forma total o en su parte esencial, sin importar tampoco el medio en que se fije”.

Entonces, la controvertida belleza estética solo ha sido considerada por la SEPI como un requisito esencial inherente a una obra para ser objeto de protección autoral en el caso de las obras de arte aplicado, a diferencia del resto de las obras catalogadas en el artículo 13 de la LFDA que solo requieren de originalidad y fijación para su protección.

“La controvertida belleza estética solo ha sido considerada por la SEPI como un requisito esencial inherente a una obra para ser objeto de protección autoral en el caso de las obras de arte aplicado, a diferencia del resto de las obras catalogadas en el artículo 13 de la LFDA que solo requieren de originalidad y fijación para su protección.”

El caso Knoedler abre la puerta a diversos cuestionamientos sobre los conceptos de originalidad y de autor que considero deben ser replanteados por la legislación autoral para contemplar a las obras generadas por nuevas tecnologías como la inteligencia artificial y específicamente herramientas como DALL-E y Midjourney, toda vez que el concepto de originalidad debe adaptarse a la realidad actual y evitar casos de falsificaciones que al analizarse resultan absurdos como el caso Knoedler o hasta cómicos como la historia ficticia narrada por Ken Follett en su obra El escándalo Modigliani, donde el autor realiza una crítica al mundo del arte, las galerías y las falsificaciones.   Finalmente, no puedo concluir este artículo sin dedicar unas líneas más al “grado de apreciación estética” en relación con las pinturas de Mark Rothko que al ser tan populares han sido usadas para la creación de obras de arte aplicado. En mi opinión las obras de Rothko efectivamente gozan de un atractivo decorativo que dista de ser sublime, juicio que estoy seguro tendría sin cuidado al pintor, ya que tal como María Gainza escribió en su libro “El nervio óptico”, Rothko en algún momento de su vida declaró “Hay una sola cosa de la que me tengo que cuidar: de que un día el negro se trague al rojo”.     

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