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La desigualdad migratoria que se vive en México

A raíz de la guerra que se suscita actualmente entre Rusia y Ucrania, alrededor de 4 millones de residentes de este último país han decidido migrar, huyendo de la violencia, la muerte y la incertidumbre que se vive día a día y que parece no tener un fin próximo.

A principios de abril, cientos de personas ucranianas empezaron a llegar a México, particularmente a Tijuana, buscando una solución entre el Gobierno mexicano y estadounidense para regularizar su situación migratoria, así ser reconocidos como personas refugiadas debido a la invasión rusa.

Las autoridades mexicanas estimaron de 300 a 400 personas refugiadas, por lo que empezó a realizar gestiones y donativos para poder otorgar las necesidades básicas, mismas que comprendían alimentos, ropa, agua, hasta una atención psicológica.  Sin embargo, estos números fueron fuertemente rebasados, pues se registraron 13 mil personas desde el 2 de abril hasta el 25 de abril, fecha en la que el albergue cerró su administración.

En respuesta a esto, las autoridades gestionaron un nuevo albergue, ahora en el Deportivo Francisco I. Madero, Iztapalapa, Ciudad de México, en el mismo se tratan  psicológicas y sociales de los refugiados.  A la fecha, en dicho albergue, se estima que han llegado poco más de 500 personas, no obstante, las condiciones de vida temporales son bastantes distintas a las condiciones que las personas migrantes centroamericanas viven en su viaje hacia su lugar de destino.

En el albergue, se puede advertir distintas comodidades con las cuentan: comida, baños, colchonetas, área de recreación, cocina operada por la Marina de México, y distintas facilidades que a veces son complicadas de ver en el día a día de las personas migrantes o solicitantes de refugio centroamericanas.

Hago esta referencia, no buscando lastimar las gestiones de las autoridades federales y locales, sino como un ejemplo del abismo que existe entre la dignidad y trato hacia personas provenientes de Europa con las personas centroamericanas.

En distintas ocasiones hemos sido testigos de violaciones a derechos humanos, de falta de agua, de alimento y de condiciones dignas para las personas que buscan internarse en México que migran en caravanas desde El Salvador, Venezuela, Honduras, Guatemala, Haití. Hemos sido testigos de la caza furtiva por parte del Instituto Nacional de Migración en contra de estas personas, y peor aún, hemos sido testigos de las graves violaciones a los derechos humanos y al debido proceso con el único y exclusivo objetivo de rechazar las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado y retornarlos a su país de origen.

Esta diferencia de trato exhibe no solo la desigualdad en la que vivimos, sino también la discriminación, estigmatización y xenofobia que existe entre las personas, entre las autoridades y entre países. Discriminación por condiciones sociales, políticas y económicas con las que se ha vivido durante décadas, misma discriminación que se debe combatir día a día para erradicarla.

Asimismo, esta situación, también es una oportunidad para reflexionar acerca de nuestros valores y nuestras acciones con las personas de otro país. ¿Por qué se tiene un trato con personas blancas que hablan otro idioma, y otro trato con personas de Latinoamérica? ¿Qué es lo que motiva a tratar dignamente a unas personas y denigrar a otras? Independientemente de la respuesta, la discriminación y estigmatización contra personas migrantes se debe combatir con una política migratoria eficiente y no solo con promesas.

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