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La Austeridad (Codicia) Republicana

Es preocupante que la estrategia de “ahorro” que tiene pensada el nuevo gobierno, en lugar de beneficiar al pueblo lo está perjudicando y donde más duele, con la familia. En días pasados el presidente anunció la reducción de recursos que se le destinan a las estancias infantiles, instituciones que permiten a los padres de familia salir a trabajar, teniendo a sus hijos a buen resguardo, lo cual fue un suceso preocupante para muchas familias.

Uno de los pretextos por los cuales se tomó esta determinación, fue la supuesta corrupción que opera dentro del sector y que implicaba tomar decisiones como el reducir los recursos destinados hacia dichas instituciones y que, como medida para mitigar el impacto de esta determinación, se transferiría el recurso directamente a los padres. O como dijo el Secretario de Hacienda, para que los padres le den ese dinero a los abuelos para que ellos se encarguen del cuidado de sus nietos, como si los abuelos fueran la solución del problema.

Pero este problema tiene que analizarse más a fondo. El hecho de que se le reduzca el presupuesto a las estancias infantiles no soluciona en lo absoluto el problema que viven las estancias infantiles, por lo contrario, lo agudiza. El equipo del mandatario y el mismo presidente no han analizado el impacto negativo que tendrá esta determinación no solo en las cuentas bancarias de los dueños de las estancias, sino en la cartera de las personas que dependen de que estas instituciones sigan trabajando.

Solo hay que poner un ejemplo, si se reduce el presupuesto que se le otorga a una estancia pueden suceder dos cuestiones. La primera es que el personal que labora actualmente en las estancias se reduzca o para decirlo más claro, van a correr a una buena parte de las personas que laboran en esas instituciones y se van a quedar sin su ingreso, por ser su fuente de trabajo. La segunda y no sé qué es peor, que se le reduzca el sueldo a ese personal y solo puedan obtener la mitad o hasta menos del salario que perciben actualmente, que de por sí, no es un salario muy alto.

El problema es que el sector infantil no está siendo el único que se está viendo afectado con estas medidas, apenas hace unos días trascendió la noticia de que los refugios para mujeres que sufren violencia también verían reducido su presupuesto y preocupaba la indefensión en la que quedaría este sector vulnerable de la población. Afortunadamente, el Gobierno de la República enmendó la plana y emitió la convocatoria para el otorgamiento de subsidios para las instituciones que se encargan de brindar apoyo a las mujeres que sufren de violencia.

El problema no es el hecho de que hayan tardado un día en enmendar este gravísimo error que estaba sepultando la popularidad del presidente o, que haya escuchado un poco tarde a las organizaciones de la sociedad civil que le exigían una explicación sobre esta decisión. Lo preocupante aquí, es el hecho de que se haya pensado que también a estas instituciones se le podría reducir presupuesto y peor aún, que se haya hecho saber al público. Para muchas personas que se encuentran en estos segmentos de la población, el gobierno los decepcionó porque el solo hecho de pensar en dejarlos a la deriva resulta un insulto y hasta un acto de desinterés y de estar en contra del pueblo, ese que según ahora es el que manda.

La cuestión se torna más grave en la calle, ya que muchas personas fueron despedidas de sus empleos durante los meses de diciembre y enero, especialmente aquellas que laboraban en el sector público. Desgraciadamente, en lugar de realizar un análisis metódico y pormenorizado de la situación de los empleos en la Administración Pública Federal, se determinó que ciertas personas perderían su trabajo, como si no lo necesitaran o fuera muy fácil encontrarlo en el sector privado.

Insistiendo en ello, es preocupante que ese síntoma de codicia sea el imperativo a seguir durante los próximos seis años y que en lugar de plantearse mejores esquemas o políticas que permitan que el presupuesto se destine de manera adecuada, se piense que la reducción o el recorte o la cancelación del presupuesto sea la clave del éxito de una política de “austeridad” que no le pegará al gobierno, sino a las familias que le otorgaron su confianza y a las que está decepcionando.

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