Para abordar este tema puedo decir que la reinserción social se puede entender como un proceso mediante el cual una persona que estuvo privada de su libertad en un centro de reclusión logra volver a la sociedad con la finalidad de llevar una vida productiva y satisfactoria en libertad, contribuyendo a la reducción de la reincidencia delictiva para fomentar la convivencia pacífica y la inclusión social.
Jurídicamente tenemos que el artículo 18 de nuestra Constitución Política Federal dice respecto a la reinserción social lo siguiente:
“…El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir”.
Considero que a este artículo se le puede adicionar que, para lograr la reinserción social, se deben tomar en cuenta otras actividades complementarias, por ejemplo, las culturales, como la música, el canto, el baile, la gastronomía, el cine, elaboración de artesanías, pintura, cuento, poesía y el teatro, ya que a través de éstas, se pueden generar lazos y un sentido de pertenencia entre los miembros que comparten una determinada actividad y ámbitos donde las personas suelen divertirse sanamente y aprender nuevas formas de convivir de manera sana y productiva.
De las actividades antes mencionadas, quiero destacar de manera particular la del teatro penitenciario, el cual ha sido muy importante a lo largo de la historia en México para las personas privadas de la libertad, toda vez que se promueve la educación y la cultura, generando en ellas un posible cambio en su vida cuando obtengan la libertad y logren integrarse a la sociedad sin ningún problema.
Como antecedente del teatro penitenciario, quiero destacar la importante labor que realizó Juan Pablo de Tavira, quien durante algunos años de su vida los dedicó al teatro en el Reclusorio Sur, con la ayuda de Jorge Correa, quien fue maestro de teatro por más de 35 años y recorrió más de 300 cárceles a nivel estatal y federal, dando funciones con diversas obras y protagonizadas por personas privadas de la libertad, por ello le otorgaron el título de “El Padre del Teatro Penitenciario”.
En 2014 fundó el proyecto “LIBERARTE”, considerando que la función terapéutica del teatro les permite a los internos “ser vistos y escuchados, al ser vistos y escuchados, el interno logra un conocimiento sobre sí mismo, porque piensa y se piensa, no solo a nivel del discurso, sino también de las emociones y sensaciones”. Además de ser el creador de una metodología que le llamó “Sistema Teatral de Readaptación y Asistencia Preventiva (STRAP), “un método teatral inmediato para que el interno se involucre, se sensibilice y se integre al fenómeno teatral”. con la cual logró que muchas personas lograran su reinserción social para no volver a delinquir.
Continuando con Juan Pablo de Tavira, durante su labor como servidor público convocó el Primer Concurso de Textos Teatrales titulado “La canción de la esperanza”, cuya pieza ganadora se representó en el Teatro de la Ciudadela con un éxito sorprendente ante la sociedad civil.
Así mismo, Juan Pablo de Tavira y Jorge Correa dejaron el legado de la Compañía de Teatro Penitenciario y la Compañía Teatral de Personas Privadas de la Libertad, lo cual representa un maravilloso ejemplo para cambiar la vida de las personas.
Desde los inicios del teatro penitenciario ha sido un instrumento para la liberación, una fuerte herramienta para que las personas privadas de la libertad puedan alcanzar su libertad y reinsertarse a la sociedad.
Por su parte, Ruth Villanueva Castilleja quien durante su gestión como servidora pública en el sistema penitenciario y menores infractores nos dice que:
“…El teatro penitenciario es realizado la mayoría de las veces por y para internos, lo que conforma una más de sus características.
Estas experiencias teatrales se iniciaron en México de manera sistematizada alrededor de los años setenta, con foros penitenciarios, y puestas en escena por los propios internos en los centros de reclusión del Distrito Federal. Posteriormente surgieron los concursos nacionales de teatro penitenciario organizados por la Dirección General de Prevención y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación. Más adelante esta disciplina llegó también hasta los centros para menores infractores. La autora ha sido precursora de dichas actividades en ambos espacios.
El trabajo penitenciario requiere necesariamente de deberes culturales y educativos, y una alternativa siempre será el teatro”.
Jorge Correa dice en el prólogo del libro de Ruth Villanueva Castilleja que:
“…desde la Dirección General de Política y Desarrollo Penitenciario, de la Secretaría de Gobernación, se creó un programa sobre “El humanismo en el Teatro Penitenciario”; mismo que ha dado frutos relevantes, involucrando a población interna en eventos tan importantes como el Festival Cervantino”.
Ahora bien, hay que destacar el gran trabajo que realizaron las personas privadas de la libertad con diversas obras producidas y dirigidas por el proyecto de la “Compañía de Teatro Penitenciario de Foro Shakespeare” en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla y la “Compañía de Teatro Penitenciario, Calacas y Diablitos”, mismas que desafortunadamente concluyeron con la misión de contribuir en el proceso de reinserción social de las personas privadas de la libertad en la Ciudad de México.
Es el caso que no solo en la Ciudad de México se llevó esta actividad con gran éxito en los centros penitenciarios, hoy tenemos que, en el Centro de Prevención y Reinserción Social de León, Guanajuato, se ha trabajado con las personas privadas de la libertad el Teatro Penitenciario, tan es así que en el próximo Festival Internacional Cervantino, en su edición 2025, que se celebrará del 10 al 26 de octubre, no sólo reunirá lo mejor de la música, el teatro, la danza, el cine y la literatura en una sola ciudad, sino que además este año es histórico con la presentación de la obra “El otro Otelo”, en la que participan más de 90 personas para su puesta en escena, de esta manera veremos unida la cultura y la reinserción social, ya que con esta se rompen los muros de la prisión y demuestra que el teatro transforma la vida de los protagonistas.
En una entrega anterior, para ser precisos, el 7 de junio hablé sobre el avance que ha tenido en materia de derechos humanos el Sistema Penitenciario en Guanajuato y hoy de nueva cuenta quiero resaltar el compromiso de la actual administración que trabaja arduamente para mejorar en todos los aspectos la atención que se les brinda a las personas privadas de la libertad cumpliendo en todo momento con la normatividad nacional e internacional.
En mi opinión, es necesario que se incorporen más opciones pedagógicas y artísticas dentro de las prisiones al igual que se hace con la capacitación para el trabajo, lo cual puede generar proyectos de corte integral en donde las personas privadas de la libertad ejerzan una profesión y profesen como un acto de fe performativo porque se convierte en un lugar para decir todo lo que sienten y piensan además de ocupar dos espacios en el mismo momento dentro de un mismo lugar, es decir, su mente está en un sitio diferente al de su cuerpo.
“El espacio de autoconocimiento de la autobservación y de la frontera entre la calle y la cárcel, donde las personas intentan conocerse a sí mismas, eso es la reinserción”.
Referencias
Ruth Villanueva Castilleja. “Teatro Penitenciario”. Editorial Porrúa. Segunda edición, primera reimpresión. 2019.








