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El abogado de dios y el abogado del diablo. Anécdotas y reflexiones deontológicas

Durante mi trayectoria profesional, he tenido la oportunidad de impartir cátedra a los alumnos de la carrera de derecho durante 23 años aproximadamente, ya sea en licenciatura, maestría o doctorado. Recuerdo que, en cierta ocasión, me asignaron la materia de “deontología jurídica”, la cual ya conocía desde la universidad, y posteriormente, tuve más conocimiento al estudiar distintos posgrados.

Al preparar la clase, investigué la parte teórica e inicié desde la filosofía como la madre de todas las ciencias existentes, incluyendo la ciencia jurídica. Además, conocí conceptos muy profundos y con un contenido interesante como la ontología, lógica, epistemología y sociología. Empero, tenía un reto todavía más complejo, esto es, fusionar la parte teórica con la práctica.

Recordé que mis profesores al disertar su clase de deontología jurídica, la hacían poco atractiva; e incluso, hasta aburrida y con el deseo de que terminaran pronto. Creo que mi percepción no era un caso aislado, ya que mis compañeros tenían la misma forma de pensar, luego entonces, consideré que el problema no era de los alumnos al no poner atención a la clase, sino más bien, que el catedrático no tenía dominio y experiencia en la impartición de dicha área del conocimiento.

No niego que en algún momento y una semana antes de que iniciara la impartición de clase, tuve temor y no deseaba pasar por el mismo viacrucis que mis profesores al ser ignorado por los alumnos. Entonces, reflexioné nuevamente y consideré que los testimonios propios o ajenos, así como, los casos prácticos en el ejercicio profesional aplicables a la deontología jurídica, serían una estratégica idónea para atraer la atención de los alumnos. Lo anterior, parecía sencillo, pero requería también un grado de complejidad.

Llegó la hora decisiva y al estar frente al salón de clase tenía nerviosismo, algo normal en todo ser humano cuando se tiene enfrente un desafío. Noté las miradas profundas de los educandos, y aún, no sabían que materia les daría, sin embargo, procedí a presentarme, y en ese momento, les comenté que la asignatura sería deontología del derecho. Claramente, su semblante cambio con un lenguaje corporal nada agradable y un ceño en mi perjuicio.

Uno de los alumnos me confronta y pregunta — ¿Para qué nos servirá una materia de relleno?— Por supuesto, que como buen profesor, había preparado mi clase y considerado todo tipo de cuestionamientos, además, no estimé en ese momento exponer un rollo filosófico de la deontología jurídica, para no desilusionarlos y ser más inteligente, por consiguiente, respondí serenamente, y dije: —El motivo de impartir la cátedra mencionada, es para que no tengan problemas en su ejercicio profesional—.

Me percato que su expresión era de una gran incógnita de lo que había citado. Uno de ellos me replica— ¿Haber explíquenos? ¿Cómo está eso de no meternos en problemas?— Pues bien, les expondré ahora la hipótesis descriptiva del “Abogado de Dios y el abogado del diablo”, con distintos ejemplos—. Me di cuenta en ese acto, que tuve un buen inicio, pues ya les había generado un dilema, y era necesario seguir adelante con mi relato.

El debate

Supongamos que ingresan a su despacho o estudio, los familiares de un sujeto que se encuentra detenido ante el ministerio público y acusado por el delito de violación, asimismo, en ese instante solicitan sus servicios profesionales para llevar su asunto ante la autoridad, ya que no desean los servicios de un defensor público. Pues bien, la primera interrogante que tengo para Ustedes, sería ¿aceptarían el caso?—.

Veo que uno de ellos levanta la mano y dice: — ¡Yo no lo aceptaría, porque no es compatible con mis principios!—, otro alumno también desea participar y refiere: — ¡Yo si lo aceptaría, creo que es una buena oportunidad para aplicar el derecho, pese a que me confiese el sujeto o sus familiares, que era cierto que había cometido la violación y no tengo conflicto con mis valores!— Un estudiante más vocifera —¡Yo si lo aceptaría, pero al darme cuenta que es una mala persona y por la violación que cometió, terminaría por hundirlo o abandonarlo!—.

Al escuchar las respuestas les indicó, que es el momento idóneo para hablar de la deontología jurídica, ya que dicha disciplina nos ayudará a encontrar las respuestas y hacer énfasis en el “deber ser”, con el fin de conducirnos correctamente, es decir, el primer participante antepone principios y un libre albedrío, para llevar o no el asunto; el segundo, por ejemplo, hace alusión al profesionalismo, lo cual me parece muy acertado y sin problema existencial de sus valores. De hecho, la axiología jurídica, como disciplina que deriva de la filosofía, centra su estudio en los problemas de los valores jurídicos, es más, dilucida sobre cuáles son los valores que primarán a la hora de aplicar el derecho.

Les expreso que hay una parte que me preocupa y es la respuesta del compañero que citó, que efectivamente, si llevaría el asunto como defensor privado, pero al saber, que es confeso de violación, lo perjudicaría ante la autoridad o lo abandonaría. Lo anterior, se aleja de la deontología jurídica, además, puede originar una responsabilidad profesional de índole penal para el abogado.

Por otro lado, tratándose de los defensores públicos, no tienen la potestad de decidir, si asumen o no la representación legal del asunto, ya que fueron contratados, para brindar un servicio público y acorde a la naturaleza de las funciones que les obliga su normatividad jurídica.

En ese instante, un alumno interviene y dice: —¡Profesor creo que cabría la posibilidad de hacer un nuevo planteamiento en el asunto y guarda relación con la respuesta del segundo compañero, que sí aceptó y defendería al sujeto de manera profesional¡ en esencia la pregunta es ¿Realmente el abogado es penalista? Ya que tengo conocimiento que para el ejercicio de la abogacía, no se requiere una especialización, pues sólo se puede ejercer con la cédula profesional de licenciado en derecho—.

Tal aseveración, me permitió hacer nuevos comentarios, por un lado, adentrarnos al mundo de la “ética jurídica”, que se encarga del estudio de los valores del ser humano, lo bueno y lo malo, de la moral y el derecho. Máxime, de que existen profesionistas que ejercer sin ética jurídica, e incluso, garantizan resultados o éxito en los asuntos a pesar de los inconvenientes, cuando en realidad la profesión de abogado al igual que los médicos, su actuar es de medios no de resultados.

Lamentablemente en México y en algunos países de Latinoamérica, la colegiación para los abogados no es obligatoria, ello genera problemas y deficiencias en el actuar de la comunidad jurídica, viéndose también afectados los clientes. No obstante, en ocasiones el peor enemigo de un profesional, es otro profesional del derecho.

Ahora bien, existe una diferencia entre un profesionista y un profesional, en el primero consideró que algunos tienen esa posibilidad de realizarse como licenciados en derecho, sin embargo, para ser un profesional se requieren distintos ingredientes y pocos logran alcanzarlos como la responsabilidad, constancia, disciplina, resiliencia, aprendizaje, superación, mentoría, esfuerzo, inversión, trabajo, conocimiento, visión, experiencia, actualización, sacrificio, pasión, pero sobre todo, actuar con ética y deontología jurídica.

Ya al calor del debate un alumno que se encontraba en el rincón del salón y atento a lo que se decía, mencionó —¿Maestro y qué opina de la corrupción que se da en la comunidad jurídica?— Le contesto que, lastimosamente la corrupción al igual que la impunidad, son dos tipos de cáncer que no permiten evolucionar, y efectivamente, son muchos los casos que se presentan en el ejercicio del derecho dentro de la sociedad.

Por consiguiente, si tenemos conocimiento, experiencia y estrategias adecuadas a pesar de los inconvenientes del sistema, no necesitamos entrar a un círculo vicioso y dar dadivas para que un asunto avance o se gane, más aún, que lo anterior provocaría un delito, y actualmente, ya se sanciona con penas elevadas.

Además, los hechos de corrupción afectan la imagen del abogado ante casos mediáticos o virales en redes sociales. Debemos apostar entonces, por construir gradualmente una cultura de legalidad, que llevará tiempo, pero el resultado nos beneficiaría a todos los ciudadanos, al Estado, y por supuesto, a los distintos profesionistas en derecho.

La noticia

Era pertinente exponer otro ejemplo y creo con más impacto, para que los alumnos, le dieran la importancia a la deontología jurídica. Al efecto, les expuse un caso con un final fatídico. Pues bien, mis estimados alumnos, ahora les comento un ejemplo más, para que entiendan la relevancia de la disciplina que tenemos enfrente.

En cierta ocasión y en una reunión de colegas, comentábamos sobre la noticia que se había emitido en los medios de comunicación, relacionada con el fallecimiento de un abogado afuera de los juzgados penales de cierta entidad federativa. El móvil posiblemente fue de un ajuste de cuentas decían las noticias, ya que al parecer, dicho profesionista defendía a los sujetos que habían cometido diversos delitos relacionados con la delincuencia organizada, secuestro u homicidio.

En ese instante se abrió debate, debido a que una de las estudiantes mencionó que: —Eso pasa cuando se litiga un asunto, en donde sabes los antecedentes de los individuos que representarás y los riesgos que de ello pueden derivar—Por su parte, uno más dijo: —Bueno yo creo que siempre los abogados debemos hablar con la verdad a nuestros clientes en cualquier materia del derecho, con independencia, si los asuntos tienen riesgos, esto es, cabe la posibilidad de que el abogado, le haya mentido a sus clientes al tramitar un recurso o amparo; y en su caso, habrá garantizado resultados que no se cumplirían —.

Al escucharlos, me di cuenta que había opiniones en contrario, pero resalta el hecho de que siempre debemos ser “honestos con nuestros clientes”. Lo anterior, no solo aplica a la carrera de derecho, sino también a todas las demás profesiones, para evitar alguna responsabilidad legal y un posible evento adverso, tan reprochable como privar de la vida a otra persona.

Casos diversos

—¡Profesoooor!— exclamó estrepitosamente una alumna—Nos ha referido diversos casos muy interesantes y en donde está presente de una u otra forma la deontología jurídica, sin embargo, todos ellos son en materia penal. A mí me gustaría conocer otros ejemplos en otras ramas del derecho o de distinta índole, ya que me parece muy interesante el entender el trasfondo de dicha disciplina.

—¡Perfecto! creo que ya estoy logrando transmitir a Ustedes el mensaje y el fin de la asignatura. Citaré lo que me piden y uno de ellos podría ser un caso en materia familiar, cuando el abogado postulante que tramita el divorcio de su clienta, termina por mantener relaciones sexuales con ella; o bien, el juez que teniendo conocimiento de un impedimento legal para litigar, lo hace a través de terceros. Lo primero, originaría un desprestigio al profesionista, y lo segundo, de lograrse acreditar, el efecto es una responsabilidad legal—.

A mayor corolario, resaltan las opiniones y propuestas en distintos escenarios del jurista mexicano Dr. Oscar Cruz Barney y el excelso postulante José Mario de la Garza Marroquín, relativo a mejorar el ejercicio de la abogacía, desde un enfoque de la deontología y ética jurídica, siendo las siguientes:

  • Instituir la colegiación obligatoria.
  • Crear un código de ética y/o ley general de abogacía.
  • Fomentar los principios de honestidad, sinceridad, diligencia, probidad y rectitud.
  • Que el ejercicio de la abogacía se controle por los pares.
  • Establecer, investigar y sancionar el secreto profesional.
  • Combatir y prevenir el prevaricato y la corrupción.
  • Formar y generar la cultura de la legalidad, teniendo como base la moral, los valores y principios.
  • Implementar la figura del defensor para los abogados, en caso de responsabilidad legal.
  • Regular el manejo de fondos, cuando se le entregan al abogado por parte del cliente.
  • Preparación y actualización continua a través de la certificación.
  • Independencia y autonomía del abogado.
  • Erradicar el intrusismo profesional a nivel licenciatura y posgrado (especialidad, maestría y doctorado).
  • Definir, investigar y sancionar los tipos de responsabilidad profesional.
  • El abogado debe aprender a resolver problemas, no tanto en llevar litigios.
  • Enfocarse y prepararse en la negociación y mediación como una abogacía multidisciplinaria.
  • Lograr la consolidación de una abogacía organizada.

Existen algunas películas norteamericanas, para analizar y debatir en clase con los alumnos, ya que tratan los aspectos anteriores y muy recomendables, entre las que se encuentran: “El abogado del diablo (1997)” y “La raíz del miedo o verdad desnuda (1996)”.

En resumen, la comunidad de abogadas y abogados, debemos generar una percepción positiva en la sociedad, además, brindar confianza con los clientes, patrocinados o representados, que solicitan o requieren nuestros servicios. De ese modo, ir dignificando el ejercicio profesional de la abogacía en Latinoamérica.

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