Convocatoria al “Paro Nacional” en contra de la violencia hacia las mujeres

La violencia contra las mujeres no es un dato nuevo, lamentablemente ésta se encuentra tatuada en la historia de México como reflejo de una cultura patriarcal y que, con el paso del tiempo, ha sido reconocida como una cultura discriminatoria de abuso y sometimiento en contra de la mujer y causada por el hombre.

Tuvieron que pasar más de 50 años para que, en la evolución de la teoría de los derechos humanos, la violencia contra las mujeres se reconociera como un grave problema de violación a estos derechos considerándola, incluso, como una grave violación a los derechos humanos cuando se trata de atentados a su integridad sexual.

Nuestra sociedad, con raíces patriarcales, desde la época de la Revolución (1910) hacía inexistente cualquier tipo de violencia contra las mujeres, ya que se vislumbraban como problemas “domésticos”, comunes o naturales y sin merecimientos ni sociales y mucho menos legales de consideración o graves, de manera que, aún cometida en espacios públicos, no representaba más que un tipo de autoridad del hombre sobre la mujer y, si acaso, problemas “normales” de las parejas.

La violencia de esta forma “naturalizada” en la cultura mexicana que no es exclusiva de México, sino también de la propia de América Latina, de algunos países europeos, entre otros, impedía visibilizar lo grave de su impacto en el desarrollo de las sociedades, Estados o países.

En México, de acuerdo con cifras publicadas por el INEGI¹, al 21 noviembre de 2019 se tienen los siguientes datos:

De los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que hay en el país, 66.1% (30.7 millones) ha enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor, alguna vez en su vida.

El 43.9% ha enfrentado agresiones del marido o esposo o pareja actual o la última a lo largo de su relación y está más acentuado entre las mujeres que se casaron o se unieron antes de los 18 años (48.0%) que entre quienes lo hicieron a los 25 o más años (37.7%).

En 2018 se registraron 3,752 defunciones por homicidio de mujeres, el más alto registrado en los últimos 29 años (1990-2018), lo que en promedio significa que fallecieron 10 mujeres diariamente por agresiones intencionales.

Sin embargo, como ya se dijo, esto no es un fenómeno o problema social exclusivo de México también, de acuerdo con ONU Mujeres, el 35% de las mujeres en el mundo han sufrido algún tipo de violencia física o sexual durante su vida.

Así la grave situación por la que atraviesa un grupo de población altamente vulnerable, como son las mujeres y las niñas.

La visibilización cada vez más del fenómeno de la violencia contra las mujeres ha ocasionado la movilización de grupos feministas y, en general, de grupos sociales de los sectores público y privado, círculos académicos y profesionales, entre otros. Sin duda, una constante en la evolución de nuestro sistema democrático y de derecho ha sido encausado por movimientos sociales.

Hace días se convocó a la sociedad en general para participar el 9 de marzo en un gran Paro Nacional, con los llamados: ¡El nueve ninguna se mueve! #UnDíaSinNosotras, entre otras denominaciones. Convocatoria a la que se han unido instituciones como la Máxima Casa de Estudios del país, mi Alma Mater la Universidad Nacional Autónoma de México, y en la que participaré a conciencia teniendo conocimiento que movimientos como éstos son necesarios y benéficos en todo sentido.

El derecho a la libre expresión de las ideas, el derecho a la protesta pública, el derecho a la seguridad, al respeto a mi dignidad, a vivir una vida libre de violencia, entro otros, son derechos que, en un Estado constitucional, democrático y de derecho, deben salvaguardarse a toda costa, y esto no se trata solo de una tarea de las autoridades o gobiernos, sino de todas y todos, es decir, tanto de mujeres como de hombres.

El desafío de este movimiento es enfrentar no sólo a los gobiernos que no han querido, sabido o podido dar atención y solución a la grave crisis de inseguridad especialmente para nosotras las mujeres; el desafío es para todas y todos que, como sociedad, sin ser gobierno, de una u otra forma continuamos provocando la violación a los derechos de las mujeres de este país, amparados -irracionalmente- en costumbres o tradiciones que perpetúan o alientan el machismo y la violencia, incrementando, con ello, uno de los crímenes más abominables de la era moderna: como es el feminicidio.

El reclamo es unánime, una sociedad que busque la prosperidad no puede prescindir de la participación de la mujer, antes bien, le es necesaria e imprescindible. La participación de la mujer no solo debe estar expresada en la legislación, sino que deben bridarse todas las garantías, para que dicha participación se presente en todos los ámbitos de la vida, ya sea política, social, personal y profesional, y sea efectiva. Hace falta una revisión profunda al marco legal en materia de violencia contra las mujeres.

Las normas contra la violencia a las mujeres sean civiles, penales, administrativas y laborales, etcétera, son el peldaño de la democracia mexicana, en todas existe la presencia de las mujeres; sin embargo, en todas hacen falta políticas públicas de alto alcance que hagan efectivos nuestros derechos de participación en el desarrollo de nuestro país, pero en condiciones de seguridad, equidad e igualdad.

 

¹ Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Consultable en: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/Violencia2019_Nal.pdf

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