Al diablo con las instituciones, el regreso al poder absoluto

Después de las elecciones del primero de julio pasado, muchos de los que votaron por Andrés Manuel López Obrador se consideran engañados. La realidad es que el presidente electo no ha engañado a nadie, para darnos cuenta solo habrá que recordar su frase de hace doce años, que hoy como presidente electo lo está cumpliendo: “al diablo con las instituciones” y con los empresarios.

Tras las elecciones de 2006, las cuales perdió frente a Felipe Calderón por un margen muy pequeño de apenas el 0.56%, AMLO declaró en un mitin en el Zócalo: “mi decisión es desconocer el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y desconozco a quien pretende ostentarse como titular del Poder Ejecutivo Federal sin tener una representación legítima […] nunca voy aceptar la política tradicional, es en donde todos los intereses cuentan menos el interés del pueblo […] y vamos por la transformación del país empezando por la revolución de conciencia”

En ese discurso señaló seis puntos que hoy vale la pena recordar, porque si bien en esa ocasión parecían una crítica, hoy se han convertido en su decálogo de acción: “Qué es lo que van a hacer nuestros adversarios, primero van a buscar legitimarse en el extranjero”. AMLO ya lo está haciendo, empezando con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo que se refleja incluso en la confrontación entre Marcelo Ebrard y Yeidckol Polevnsky por quedar bien con Donald Trump y buscar que asista a la toma de protesta del Presidente.

“Lo segundo, la cargada; van a ver ustedes como van las corporaciones empresariales a manifestar su adhesión a lo que popularmente se conoce como el besamanos”. Esto se vio desde el periodo de campaña y ahora en las intensas reuniones que ha tenido con los principales empresarios del país, incluyendo los que en su momento fueron la mafia del poder, como Claudio X. González, Ricardo Salinas o Carlos Hank, pasando por el trabajo que ha venido realizando Alfonso Romo con los empresarios.

“Lo tercero, la subordinación de los medios de comunicación, para quemarle incienso al candidato de la derecha”. Aquí pareciera que algunos medios de comunicación que se vieron afectados con la Reforma en el sector de las telecomunicaciones se subordinaron, o bien se aliaron al candidato que más les podía garantizar regresar el estatus quo y su poder monopólico y quemar en incienso al presidente Enrique Peña Nieto por hacer las reformas estructurales.

“Cuarto; golpes espectaculares, confunden a la gente, engañan a la gente de nuevo para decir que ellos van a ser distintos y que las cosas, ahora si van a cambiar”. Ahí está la decisión del aeropuerto, que se da a través de una consulta que organizó a modo. En el mismo caso se encuentran el Tren Maya o la construcción de Refinerías.

“El punto cinco, van empezar a repartir migajas para tratar de ganarse a la gente humilde, a la gente pobre”. No es otra cosa que alimentar la esperanza con una política social asistencialista, prometió en campaña duplicar el monto de las tarjetas a la población de escasos recursos y que ahora sí las cosas van a cambiar.

“El último punto, es el de la negociación con nosotros, van a buscar por todos los medios que haya lo que ellos llaman diálogo y negociación”. Pues ahí están las negociaciones con la profesora Elba Esther Gordillo, con Napoleón Gómez Urrutia y el perdón a quien se acerque a él y se alineen.

Finalmente, en ese discurso advirtió, lo que hoy como presidente electo ya está haciendo: “Ya decidimos hacer a un lado esas instituciones caducas que no sirven para nada e impulsar la revolución de la conciencia para que el pueblo decida. ¡Que se vayan al diablo con sus instituciones! ¡Vamos a tener un Gobierno de la República!”.

En este último punto, sólo basta ver cómo está actuando y mandando al diablo a las instituciones con una firme idea de lo que será su gobierno, el control del poder en una sola persona, que ostenta el poder Ejecutivo, o sea el regreso del presidencialismo basado en facultades “metaconstitucionales”.

Quizá lo primero que llama la atención de cómo está mandando al diablo a las instituciones con el tema de la construcción del NAIM, es que, sin ser todavía presidente formal, sin asumir las facultades que lo envisten como presidente constitucional, cancela una megaobra, a través de una consulta a la que convocó y organizó por canales no institucionales como lo marca la Constitución. Sólo por mencionar, la manifestación en contra de la decisión de AMLO de cancelar el NAIM, rebasó por mucho la participación de su consulta.

El Poder Judicial es otra institución a la cual pretende desmantelar y controlar, regresarla hasta antes de la reforma que impulsó el entonces presidente Ernesto Zedillo, que le dio autonomía. Ahora trata de imponer magistrados, como ya lo advierte el magistrado José Ramón Cossío, “el derrumbe del sistema judicial”.

Otro de los puntos es la reforma administrativa, bajo la cual pretende quitar la autonomía de organismos que garantizan el buen funcionamiento de sectores como el energético. Pretender sectorizar organismos como la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), o regresarles el carácter monopólico a empresas que hoy son productivas del Estado como Pemex o CFE, es sólo con la intención de controlar el sector con toda libertad.

A todo esto se suman los intentos por retirarle autonomía al Banco de México o golpear desde el poder a las instituciones bancarias.

Al final AMLO no miente y está mandando al diablo a las instituciones e imponiendo un estilo de gobierno muy personal.

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