El costo de la lucha por el liderazgo femenino
Durante mucho tiempo, las mujeres hemos luchado por ocupar un lugar en una profesión legal históricamente liderada por hombres. Hoy representamos el 56% de los asientos en las facultades de Derecho y, aunque nuestra presencia ha aumentado significativamente, la representación disminuye conforme ascendemos en las estructuras de poder: solo una de cada cuatro mujeres llega a ocupar posiciones de liderazgo.
Hemos ganado espacios. Hemos demostrado nuestra capacidad. Hemos llegado a lugares que para generaciones anteriores parecían inalcanzables. Pero en esa lucha por llegar también hemos pagado un costo personal.
Aprendimos que para ocupar posiciones de liderazgo teníamos que demostrar constantemente nuestro valor, resolver a toda costa, cumplir objetivos, cuidar a nuestros equipos, mantener un alto rendimiento, estar disponibles 24/7, y después salir de la oficina para seguir sosteniendo familias, parejas, hijos, padres y amigos.
Aprendimos a mantener la calma incluso cuando todo alrededor, o dentro de nosotras, parecía desmoronarse. Y así nos fuimos convirtiendo en mujeres extraordinariamente fuertes y capaces de dar resultados y sostener a los demás. Pero, en el camino, muchas veces nos olvidamos de sostenernos a nosotras mismas.
¿Quién sostiene a las mujeres que sostienen todo?
Durante 9 años, Las Abogadas Más Influyentes me ha permitido conocer las historias de cientos de mujeres líderes del sector legal. Mujeres brillantes, preparadas y exitosas que han construido carreras extraordinarias.
Pero con el tiempo empecé a observar algo que se repetía detrás de muchas de esas historias de éxito: el agotamiento. Detrás de los cargos, los reconocimientos y los resultados, había también mujeres sosteniendo enormes responsabilidades y viviendo, muchas veces en silencio, los costos emocionales de liderar de esta forma. Además de escuchar todas estas historias, yo también lo viví: estar en la cima del reconocimiento pero sintíendome en profunda soledad y en constante ansiedad debido a un nivel alto de autoexigencia y a una constante comparación con los demás.
Por eso decidimos que esta comunidad necesitaba algo más que espacios de networking o visibilidad de las mujeres. Necesitábamos espacios en donde pudiéramos encontrarnos desde otro lugar. Así nacieron este año nuestros Círculos de Liderazgo Consciente: espacios para hablar de aquello que normalmente no compartimos en una reunión profesional y para construir una red capaz de sostenernos entre nosotras.
En nuestro primer círculo decidimos no hablar de cargos, reconocimientos o casos de éxito. Hablamos de los dolores que también nos atraviesan como líderes. Y cuando abrimos ese espacio aparecieron historias profundamente humanas:
- Vivir en hipervigilancia. Estar permanentemente alerta, anticipándonos a lo que puede salir mal y sintiendo que nunca podemos bajar la guardia.
- No saber quién soy más allá de mi profesión. Después de tantos años dedicadas a ser abogadas, preguntarnos: ¿quién soy cuando dejo a un lado mi cargo, mis títulos y aquello que hago? Queremos permitirnos explorar diversas versiones de nosotras y ver cómo podemos también integrarlas en nuestra vida profesional. Dejar de vivir fraccionadas o etiquetadas en una sola versión de nosotras mismas.
- El miedo a hacer algo completamente diferente. Atrevernos a cuestionar el camino conocido, incorporar ideas de otras industrias, cambiar de dirección o construir una carrera que no necesariamente se parece a la que alguna vez imaginamos.
- Atravesar pérdidas personales mientras seguimos liderando. Vivir duelos, cambios y momentos profundamente dolorosos sin sentir que no podemos detenernos porque hay personas, equipos y responsabilidades que dependen de nosotras.
- La dificultad de pedir ayuda. Reconocer que necesitamos de los demás después de haber construido nuestra identidad alrededor del “yo puedo con todo”.
- La necesidad de controlarlo todo y la dificultad de delegar. Aprender a confiar en nuestros equipos, en los procesos y, sobre todo, en que ya hicimos lo que nos correspondía hacer y que no todo depende de nosotras.
- Ser el sostén de los demás. Sostener económica y emocionalmente a nuestras familias, equipos y personas cercanas hasta que aparece inevitablemente la pregunta: ¿quién me sostiene a mí?
- Confundir vulnerabilidad con debilidad. Atravesar incluso una enfermedad sin permitirnos sentir miedo, pedir ayuda o mostrarnos vulnerables. Descubrir que quizá la verdadera fortaleza también está en permitirnos sentir y ser sostenidas.
- El miedo a hacer algo completamente diferente. Atrevernos a cuestionar el camino conocido, incorporar ideas de otras industrias, cambiar de dirección o construir una carrera que no necesariamente se parece a la que alguna vez imaginamos.
- La tensión entre triunfar y elegir otras prioridades. Decidir que en ciertos momentos la familia, los hijos, la salud o nuestra vida personal tienen prioridad y enfrentar el juicio, externo e interno de sentir que estamos renunciando a una carrera exitosa.
Cuando escuchamos estas historias quedó claro algo: muchos de los dolores que creemos individuales son, en realidad, experiencias compartidas. Y quizá una de las razones por las que pesan tanto es precisamente porque los hemos vivido en silencio.
Ahí entendí todavía más profundamente por qué necesitamos comunidad. No solamente una red de contactos o networking profesional sino una red de sostén profesional y humano. Una comunidad donde podamos compartir nuestros logros, pero también nuestros miedos. Donde podamos decir “no sé”, “estoy cansada”, “necesito ayuda” o incluso “ya no quiero esto” sin sentir que nuestra capacidad como líderes queda cuestionada.
La vulnerabilidad forma parte del liderazgo consciente. No se trata de dejar de ser fuertes, sino de ampliar nuestra definición de fortaleza. Reconocer nuestras emociones, pedir ayuda, permitirnos no tener todas las respuestas y dejarnos sostener no disminuye nuestro liderazgo: lo hace más humano. El liderazgo consciente también es reconocer nuestra humanidad y comprender que no tenemos que poder con todo, todo el tiempo y, mucho menos, hacerlo solas.
Mujeres sanas para construir organizaciones sanas
Esta conversación no es únicamente personal. Tiene consecuencias directas en la manera en que construimos nuestros equipos y nuestras organizaciones. De acuerdo al Reporte de Transformación de l Industria Legal en Latam: Innovación, Inteligencia Artificial y Bienestar del Abogado, realizado por Abogado Digital, el 42% de los profesionales del Derecho reporta sentirse agotado o en riesgo de burnout. Con esto podemos ver que una de las prioirdades para la transforamción legal debe de ser encontrar formas más sostenibles de trabajar que no causen agotamiento.
Al mismo tiempo, sabemos que las mujeres líderes tienden a priorizar en mayor medida el bienestar de sus equipos y es por ello que es importante que las mujeres ocupen cada vez más posiciones de liderazgo para consturir organizaciones que pongan el bienestar como un eje estratégico para constuir culturas organizacionales que favorezcan la innovación y la colaboración.
Aquí existe una paradoja: ¿cómo podemos construir culturas de bienestar si quienes las lideran están agotadas? No podemos hablar de organizaciones saludables mientras normalizamos líderes permanentemente disponibles, hiperexigidas y desconectadas de sus propias necesidades. Tampoco podemos pedir a una mujer que cuide el bienestar de sus equipos mientras ella continúa sosteniendo todo sin espacios para recuperarse.
Necesitamos mujeres sanas no solamente por ellas mismas, sino porque la forma en que una líder se relaciona consigo misma inevitablemente permea la cultura que construye a su alrededor. Una líder que sabe poner límites puede crear equipos donde descansar no genere culpa. Una líder que puede pedir ayuda permite que otros también lo hagan. Una líder que reconoce sus emociones puede acompañar mejor las emociones de su equipo. Una líder que deja de asociar valor con productividad constante puede construir culturas donde las personas no tengan que agotarse para demostrar que merecen estar ahí.
El bienestar, entonces, deja de ser un beneficio corporativo o una conversación periférica para convertirse en una competencia de liderazgo y una decisión estratégica.
Del liderazgo individual al liderazgo en comunidad
Durante décadas, una parte importante de nuestra lucha fue conseguir un asiento en la mesa. Hoy necesitamos más mujeres en esas mesas, pero el desafío ya no termina ahí. Necesitamos preguntarnos qué tipo de liderazgo queremos ejercer una vez que llegamos.
El futuro del liderazgo jurídico no solo necesita más mujeres en los espacios de decisión. Necesita líderes capaces de construir organizaciones donde la innovación, el bienestar y el desarrollo de las personas sean parte de la estrategia de negocio. Y para construirlas necesitamos dejar atrás la idea de que liderar significa hacerlo todo solas.
Esta edición de Las Abogadas Más Influyentes LATAM nace desde esa convicción. Queremos seguir visibilizando mujeres extraordinarias, pero también queremos conectarlas. Crear espacios donde podamos aprender unas de otras, compartir aquello que funciona y aquello que duele, abrir oportunidades y acompañarnos en los desafíos que implica ocupar posiciones de influencia.
Pasar del liderazgo en soledad al liderazgo en comunidad. De demostrar que podemos con todo, a reconocer que necesitamos de los demás. De sostenerlo todo, a aprender también a dejarnos sostener.
Porque cuando una mujer encuentra una red que la sostiene, no solo cambia su manera de liderar. Cambia también todo aquello que ella puede sostener y transformar a su alrededor.
En Las Abogadas más Influyentes nuestra visión es construir una comunidad de abogadas latinoamericana en la que podamos abrir caminos unas para otras, compartir aprendizajes, reconocer nuestros logros, pero también hablar de aquello que nos cuesta.
Porque quizá la siguiente evolución del liderazgo femenino no consiste únicamente en que más mujeres lleguemos a la cima. Consiste en cambiar la manera en que llegamos, la manera en que permanecemos y la manera en que abrimos camino para que otras puedan llegar sin tener que hacerlo solas.
Felicito profundamente a las mujeres que forman parte de esta edición de Las Abogadas Más Influyentes LATAM. Sus liderazgos han trascendido organizaciones, industrias y fronteras para convertirse en referentes para otras mujeres de nuestra región. Cada una, desde su propia historia y manera de ejercer el Derecho, nos recuerda que la verdadera influencia no se mide únicamente por el lugar que ocupamos, sino por el impacto que generamos, las puertas que abrimos y las personas que inspiramos en el camino. Gracias por ser modelos de liderazgo para las nuevas generaciones y, sobre todo, por demostrar que cuando una mujer abre camino, hace posible que muchas otras imaginen que también pueden recorrerlo.

Isabel C. Camargo Cerón. Gerente General en Lead Legal Advisors SAS.

Maritza Cedeño Vasquez. Presidenta del Colegio Nacional de Abogados de Panamá.

Ana María Flórez Ocampo. Ejecutiva Sr. en Estrategia Legal y Gobierno Corporativo.

Marcela Inzunza Acevedo. Fundadora y Directora en OCHO.

Tatiana Munro Cabezas. General Counsel y Líder de Contratos en Latam en EY.

Diana M. Pedraza Barrantes. Regional Legal Counsel Centroamérica, AL y el Caribe en Wesco Anixter.

Olga V. Prieto Zamora. Lead Counsel LATAM en Zoetis.

Isabel de Jesús Romero Viecco. Abogada independiente, docente de posgrados y conferencista.

Karol A. Valencia Jaén. Legal Engineer y Adoption specialist en Saga.








